"Quiera Dios o no quiera, yo me dirijo a Zaragoza" Zaragoza: La Plaza de las Catedrales

Basílica del Pilar. Zaragoza
Basílica del Pilar. Zaragoza

"Así rezan la copla los zaragozanos:Una vez que disputaban/ el Ebro le dijo al mar/: yo he 'pasao' por Zaragoza/ y tú nunca pasarás. Y es que Zaragoza es y seguirá siendo nada más y nada menos que 'caput' –la capital- del río Ebro"

"La 'Plaza de las Catedrales' de Zaragoza, la enmarcan estos edificios: la bellísima Lonja de Mercaderes, la iglesia de san Juan de Panetes, el edificio del Ayuntamiento, el palacio arzobispal; la catedral- basílica del Pîlar y la de la Seo"

"En la Santa Capilla, a la entrada, - epicentro de todo el conjunto- se venera la imagen de la Virgen del Pilar, sobre su columna. Destaca sobre todo, el retablo, de alabastro, del altar mayor"

"Especialísima atención demandan las dos cúpulas – 'El Coreto' y 'La Reina de los Mártires'-, que decorara y pintara Francisco de Goya"

"En la parte oriental de la “Plaza de las Catedrales”, se alza la catedral de la Seo, obra cumbre el gótico zaragozano"

"La visita al 'Tesoro Artístico', ubicado en la Sacristía, es obligada, así como la reflexión-meditación acerca de si la piedad y devoción a la Virgen justificara, en cristiano, tantas riquezas"

Con amor, devoción, veracidad y autonomía, así rezan la copla los zaragozanos: “Una vez que disputaban/ el Ebro le dijo al mar/: yo he “pasao” por Zaragoza/ y tú nunca pasarás”. Y es que Zaragoza, antes que la prerromana “Salduba” y la “Caesaraugusta”, con título otorgado por el mismo emperador Augusto, “con derecho de inmunidad”, fue, es y seguirá siendo nada más y nada menos que “caput” –la capital- del río Ebro.

“Entre otras razones muy válidas, el Ebro –'corriente de agua' en euskera- es río padre por naturaleza, que además le confiere nombre a toda la “Península Ibérica. Es el río más caudaloso de España. Para los creyentes cristianos, a orillas del Ebro se fundamentó la fe de muchos, gracias a la “milagrosa” aparición de la Virgen al apóstol Santiago, tal y como reconoce y proclama una continuada y fructuosa tradición multisecular.

El Ebro es tradición y tradiciones. Historia y cultura. Es hispano por todas sus fuentes y afluentes. Es folklore, poesía y romería. Es magia y misterio. Es literatura, con mención fontal para las escenas que a sus orillas situó Miguel de Cervantes protagonizadas por Don Quijote y Sancho en su Ínsula Barataria, sin echar en olvido que el Najerilla, uno de sus afluentes riojanos, recogió los primerizos vagidos del idioma castellano articulados en el monasterio de san Millán de la Cogolla, al igual que hizo con los s novicios que Gonzalo de Berceo le dedicara al yantar y al “bon vino”.

El Ebro es fiesta, canción y energía. Es embalse. Como es padre y camino, habiendo abandonado bien pronto su carácter temporero y provisorio de frontera, es brazo y abrazo para los demás pueblos de España. Es el río que recorre mayor número de Comunidades Autónomas de España. En su cuenca hidrográfica, espejean sus torres el mayor número de catedrales y con sus aguas fueron bautizados multitud de cristianos. Por si algo le faltara para ser perfecto, el Ebro además es delta. ¡Y qué delta!

El Ebro es paisaje y naturaleza, monasterios, gastronomía y vinos. Es puente, camino y caminos. .Es AVE. Asimismo, y sobre todo, es voz, que se identifica y expresa, según unos, en “jotas” y en cantos de pájaros, o en redondeles y arillos polícromos de mariposas. Según otros, en la verde urgencia de extender su capacidad de riegos por sus propias comarcas y sus aledaños,

Estas –las del Ebro- son algunas de las características más importantes de quienes fueron y son en la actualidad, los fieles devotos de sus catedrales.

Plaza de las catedrales

Completa la relación, la leyenda popular contenida en la expresión académica oficial de “A Zaragoza o al charco”, antonomástica de sus habitantes y que literalmente refiere que “para probar la tenacidad de los baturros se inventó la siguiente historia:

San Pedro (no Santiago), que viajaba por aquellos lugares con Jesucristo, preguntó a un aragonés que a donde se dirigía… Como el aragonés contestara secamente que “a Zaragoza”, san Pedro le reconvino diciéndole “querrás decir, “si Dios quiere”. A lo que replicó el aragonés que “quiera Dios o no quiera, yo me dirijo a Zaragoza”. Molesto con la respuesta, san Pedro le convirtió en rana. Pasados casi dos milenios, sintió pena san Pedro del pobre aragonés y lo llamó. Salió de la charca el baturro y volvió a preguntarle el decano de los apóstoles ¿a dónde vas?. El aragonés, no mejorado de carácter, contestó sabiendo a lo que se exponía:”pues a Zaragoza o al charco…”

Estos son los habituales feligreses de las dos catedrales zaragozanas, en cuyos alrededores, y por aquello de la “francesada”, y de Agustina de Aragón, todavía, y con inusitado fervor, tanto patriótico como religioso, se canta que “La Virgen del Pilar dice/, que no quiere ser francesa,/ que quiere ser capitana / de la tropa aragonesa”.

La “Plaza de las Catedrales” de Zaragoza, la enmarcan estos edificios: la bellísima Lonja de Mercaderes frente a la cual se levanta el monumento a Goya, obra en bronce de Federico Marés; la iglesia de san Juan de Panetes, templo barroco del siglo XVIII y con torre octogonal de finales del XVI; el edificio del Ayuntamiento en cuya portada se alzan las imágenes de san Valero y la del Ángel de la Ciudad, obras del escultor, aragonés por más señas, Pablo Serrano; el palacio arzobispal; la catedral- basílica del Pîlar y la de la Seo. El Arco y la Casa del Deán, -“dignidad”,cargo y cargo catedralicios- no se hallan demasiado lejos.

La ubicación, las proporciones del edificio con su correspondiente silueta y la devoción, que dentro y fuera de la ciudad se le profesa a la Santísima Virgen bajo la advocación del Pilar, han contribuido de gloriosa manera tanto arquitectónica como religiosa muy singular, a hacer de esta basílica-catedral centro y referencia universal, y uno de los atractivos turístico-religiosos que suscita mayor interés en España. La piadosa y legendaria aparición de la Virgen, sobre una columna de fe, al Apóstol Santiago, es causa y fruto de este y de tantos otros milagros.

Virgen del Pilar

Antes de entrar en el templo, por la puerta que da a la “Plaza de las Catedrales”, es de admirar, cerca del relieve de Pablo Serrano, un bellísimo tímpano románico procedente de la iglesia anterior de ese estilo, sobre la que se edificara el templo actual… En la Santa Capilla, a la entrada, - epicentro de todo el conjunto- se venera la imagen de la Virgen del Pilar, sobre su columna. De forma elíptica, la capilla es obra de Ventura Rodríguez, construida el año 1754, y dispone de un pequeño vano, en su parte trasera, para que los devotos puedan besar la columna que sostiene la imagen. Especialísima atención demandan las dos cúpulas – “El Coreto” y “La Reina de los Mártires”-, que decorara y pintara Francisco de Goya.

Destacan en el resto del templo, el coro, el pie de órgano y, sobre todo, el retablo, de alabastro, del altar mayor, en el que Damián Forment, en los primeros años del siglo XVI, dejó huellas espectaculares ciertamente artísticas y piadosas. La visita al “Tesoro Artístico”, ubicado en la Sacristía, es obligada, así como la reflexión-meditación acerca de si la piedad y devoción a la Virgen justificara, en cristiano, tantas riquezas, que podrían emplearse en obras de misericordia y al servicio de los pobres y necesitados de Zaragoza, del Reino de Aragón y de cualquier país del mundo.

En la parte oriental de la “Plaza de las Catedrales”, se alza la catedral de la Seo, obra cumbre el gótico zaragozano. Antes de acceder a la misma, se aconseja contemplar y admirar la excepcional decoración de estilo mudéjar, en ladrillo y azulejo, del exterior del ábside de la llamada “Parroquieta de san Miguel”, y del resto de sus ábsides.

Al entrar en el templo catedralicio, llaman la atención el sepulcro y la hornacina de Lope Fernández de Luna. Y muy particularmente el retablo del altar mayor y su bello y arriesgado Cimborrio. En el Museo de Tapices y Sala Capitular de la Seo, se expone una permanente colección de tapices, compuesta por un total de setenta piezas, entre las que destacan las flamencas. En el Museo Capitular se guardan importantes piezas de orfebrería, bustos y relicarios, entre los que se encuentra el de san Valero, patrono de la ciudad.

De entre las numerosas leyendas piadosas zaragozanas, unas relacionadas con la Virgen, pero otras no tanto, aparece la de san Lamberto, a quien, negándose a adorar a los dioses paganos, le cortaron la cabeza a orillas del Ebro y el mismo santo, con sus propias manos, la depositó en el lugar del enterramiento de “Los Innumerables Mártires de Zaragoza”.

Y el Ebro, en gran parte embalsado y con las firmas de paz del “Compromiso de Caspe”, con la de san Vicente Ferrer a la cabeza, “sigue su camino hacia el mar, que es el destino –poético- de todos los ríos”, a tono, y en fiel consonancia y rima, con las estrofas del noble Jorge Manrique.

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