La lectura de "Un puente sobre el Drina" de Ivo Andric (Barcelona, Debate, 1999) me puso en la senda de la comprensión de muchas cosas que pasan entre servios y kosovares. “El pueblo sólo recuerda y cuenta aquello que puede comprender y transformar en leyenda. Lo demás discurre junto a él sin dejar huella profunda, en la indiferencia muda de los fenómenos naturales y anónimos, sin tocar su imaginación y sin gravarse en su memoria” (p. 24). “En cuanto a los servios, como es lógico, [...] en el fondo de sus corazones, en el fondo de ellos mismos, ese fondo que no se abre a nadie, subsistía el recuerdo de lo que acababa de pasar y la idea de lo que sucede una vez puede volver a repetirse” (p. 99-101).