La advertencia del pensador, en el 125 aniversario de su muerte " El órdago que Nietzsche nos legó

"Sin lugar a dudas estamos ante uno de los pensadores más destacados de la historia y ante una de las mentes más atrayentes e influyentes"
"Jamás olvidaré mi primer día de clase en la Facultad de Filosofía de Valencia. A última hora de la mañana tocaba la asignatura troncal de Ética… Al salir de la clase fui inmediatamente a comprar el que fue mi primer libro de la carrera"
"Al abrir su primera página comprendí dos cosas. La primera, que había acertado en la elección de mis estudios. La segunda, que iba a dedicarle muchas horas de estudio y lectura a quien se atrevió a profetizar Dios ha muerto"
"Nietzsche desnudó y describió nuestro tiempo como muy pocos lo han hecho y lo llevó a cabo sabiendo el precio que tenía que pagar: la soledad y la incomprensión"
"Al abrir su primera página comprendí dos cosas. La primera, que había acertado en la elección de mis estudios. La segunda, que iba a dedicarle muchas horas de estudio y lectura a quien se atrevió a profetizar Dios ha muerto"
"Nietzsche desnudó y describió nuestro tiempo como muy pocos lo han hecho y lo llevó a cabo sabiendo el precio que tenía que pagar: la soledad y la incomprensión"
| José Miguel Martínez Castelló
El pasado lunes 25 de agosto se cumplió el 125 aniversario de la muerte de Friedrich Nietzsche. Sin lugar a dudas estamos ante uno de los pensadores más destacados de la historia y ante una de las mentes más atrayentes e influyentes. Jamás olvidaré mi primer día de clase en la Facultad de Filosofía de Valencia. A última hora de la mañana tocaba la asignatura troncal de Ética.
De pronto un hombre delgado, que caminaba con rapidez y hablaba con una pasión como pocas veces he visto, el profesor Jesús Conill, nos mostró las lecturas que teníamos que llevar a cabo. Alguien levantó la mano y preguntó si Nietzsche entraba en la terna. Al segundo, silencio sepulcral; la atención absoluta se podía palpar por toda el aula, como si ese nombre denotara a algo más que a un hombre de carne y hueso. La respuesta me marcó: “A Nietzsche se le suele leer y comprender muy mal. Debéis comenzar por su autobiografía: Ecce-Homo”.
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Al salir de la clase fui inmediatamente a comprar el que fue mi primer libro de la carrera. Al abrir su primera página comprendí dos cosas. La primera, que había acertado en la elección de mis estudios, a pesar de las burlas y los chistes de mucha gente sobre mi decisión. La segunda, que iba a dedicarle muchas horas de estudio y lectura a quien se atrevió a profetizar Dios ha muerto.

Decía en Ecce-Homo: “Como preveo que dentro de poco tendré que dirigirme a la humanidad presentándole la más grave exigencia que jamás se le ha hecho, me parece indispensable decir quién soy yo. Mas la desproporción entre la grandeza de mi tarea y la pequeñez de mis contemporáneos se ha puesto de manifiesto en que ni me han oído ni tampoco me han visto siquiera”. En un tiempo de charlatanes, de poses, de discursos de postín, donde la mediocridad y la vulgaridad son el hilo conductor de las instituciones públicas y políticas, se agradece una pluma sincera, con un análisis despiadado de la realidad sin el auxilio de siglas de partido o poderes económicos.
Nietzsche desnudó y describió nuestro tiempo como muy pocos lo han hecho y lo llevó a cabo sabiendo el precio que tenía que pagar: la soledad y la incomprensión. Claro que hay puntos oscuros y poco aceptables en su obra. Nadie se salva de la quema. Pero hoy vivimos un tiempo donde los mejores, donde aquellos que tienen algo que decir, se les silencia y no tienen cabida en la toma de decisiones.
"Señaló lo que hoy vivimos a diario, una falta de criterio, de principios, de verdad, donde la mentira se ha convertido en nuestro DNI y los muertos ya no son pérdidas humanas, sino objetivos para desarrollar estrategias electorales en las que se retuerce el lenguaje y palabras como genocidio pueden ser anuladas y descafeinadas por el poder de turno. Este fue su órdago, su advertencia y que hoy vivimos con total aceptación y normalidad"
En La genealogía de la moral se atrevió a decir: “A medida que la voluntad de verdad gane conciencia de sí misma, la moral ira desapareciendo poco a poco: he aquí el gran espectáculo reservado a los dos próximos siglos”. Esta pérdida no le dolió, pero sí señaló lo que hoy vivimos a diario, una falta de criterio, de principios, de verdad, donde la mentira se ha convertido en nuestro DNI y los muertos ya no son pérdidas humanas, sino objetivos para desarrollar estrategias electorales, en las que se retuerce el lenguaje y palabras como genocidio pueden ser anuladas y descafeinadas por el poder de turno. Este fue su órdago, su advertencia y que hoy vivimos con total aceptación y normalidad. Nietzsche hablaba de dos siglos. El primero fue el más sangriento de la historia. El segundo está por ver. Esperemos que se equivoque.

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