Nos han ocupado un tiempo precioso y no me arrepiento de habérselo dado con las bolsas de plástico, el agujero de ozono, el deshielo de los polos y otras cuestiones realmente preocupantes pero casi todos esos que han solicitado nuestra tiempo se olvidan de una cosa que me parece sencilla, fácil de hacer y que sería del interés inmediato de mucha gente: que los hermanos o los primos o los amigos que vienen inmediatamente después puedan reutilizar los libros de los que los precedieron. Se ahorrarían millones de toneladas de papel, de tinta y las familias ahorrarían mucho dinero. Claro, algunas editoriales dejarían de embolsar millones de euros pero según estudiamos toda la vida, el bien de muchos debe primar sobre el bien de algunos.