Compañeros de viaje

Cada uno decide sus compañeros de viaje en cada momento de su vida. También en la Iglesia. Pero cuando se camina se va haciendo senda, y esas huellas quedan. Uno no puede arrepentirse de haber caminado junto a otro, y menos por lo que otros puedan decir. Falta coherencia, fidelidad ante el compañero y responsabilidad. Necesitamos compañeros de viaje, aunque después las rutas se tuerzan, se desvíen, igual que los caminos de cada uno. Y huir de noche y sin avisar, dejando incluso los bártulos junto al caminante abandonado, no es cristiano. Ni propio de un caminante. Seguimos caminando, pese a todo. Y eso es una gran noticia.

baronrampante@hotmail.es
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