Vidas abandonadas... pero vidas
De inmediato, el vagabundo (al que conocen como Pepe, un sin techo que pide desde hace años en la puerta de la iglesia) avisó al párroco, Pedro López, quien llamó al servicio de Emergencias de la capital, a la Policía municipal y la Policía Nacional, que se personaron en el lugar de los hechos. Afortunadamente, el niño estaba en buen estado, tanto que los facultativos sólo tuvieron que cambiarle el pañal. Ahora, ese bebé permanece en el Hospital Niño Jesús. Probablemente nunca sepa quién le abandonó... pero al menos está vivo.
El párroco, por su parte, lejos de condenar a la madre, alabó su gesto. "Si se encontraba impotente para sacar un niño adelante, lo ha dejado en muy buen sitio y muy bien atendido", declaró a Europa Press el padre Pedro. "La madre estaría por ahí cerca, en los jardines, esperando a ver cómo se desarrollaba el acontecimiento de su hijo, porque para una madre no es nada agradable tener que abandonar a su hijo". Un bonito ejemplo del sacerdote.
Sintomático, ¿verdad? Que el primer pensamiento de una madre desesperada hasta el punto de abandonar a su hijo sea el de dejarlo en un lugar donde, a buen seguro, se ocuparán de él y no le faltará de nada. Una iglesia. Qué bueno sería que el cardenal Rouco hiciera de una vez caso al padre Ángel de Mensajeros de la Paz y permitiese una parroquia abierta las 24 horas, o aquel proyecto de "cunas-bebe" para los niños abandonados.
Una película de reciente estreno, "Una palabra tuya", nos hablaba del abandono de un pequeño en un contenedor. Ojalá, entre todos, pusiéramos las bases para que estas cosas no volvieran a suceder. Y que tener un hijo fuera siempre, y en todo lugar, una alegría. Una esperanza.
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