Que cada cual asuma lo suyo (¿Qué le interesa creer?)


Les escribo rápido, desde Valencia, donde unos amigos me han permitido entrar en su Redacción para escribir este post. Me encuentro aquí con motivo del I Congreso Internacional de la Educación Católica organizado por la Universidad Católica de Valencia, que se celebar en el incomparable marco del Palau de la Música y que ha sido abierto por el prefecto de la Congregación vaticana para la Educación Católica, el cardenal polaco Zenon Grocholewski (el mismo que no quiso ni en pintura a Martínez Camino de número dos en Roma). Y lo hago porque el Arzobispado de Barcelona ha salido al paso del escándalo de Manel Pousa, el "cura abortero" (sic), azuzado desde algunos sectores. ¿No clamaban por una respuesta pública? Ahí está. Aunque mucho me temo que a algunos tampoco le satisfará.

Que cada cual saque sus propias conclusiones, asuma sus errores o aciertos. Yo no digo más, que luego la bola de nieve de la que hablábamos ayer se lanza contra nuestras ramas, y uno no está para recibir golpes de todos lados. Y menos de algunos que toman el rábano por las hojas. En el comunicado de la delegación de medios -consensuada con Manel Pousa-, la diócesis pastoreada por Lluis Martínez Sistach (cardenal y príncipe de la Iglesia, para que aquellos que tanto aman las jerarquías apliquen su propio rasero) quiere "matizar el sentido de las anteriores declaraciones, como ya lo ha hecho el interesado en conversación personal con su obispo, el cardenal Luis Martínez Sistach". Que sí que está. Pasa lo que sucedió la pasada semana con el cardenal Amigo y la ronda de Pío XII: que a veces unos quieren que sus pastores estén donde no deben estar, y que no hagan lo que deben hacer.
El comunicado añade que "Manel Pousa quiere dejar constancia con esta declaración que no se expresó con suficiente precisión y que en su trabajo social con personas de muy diversa condición ha procurado hacerlo en comunión con el pensamiento de la Iglesia sobre el respeto a la vida humana desde su concepción hasta la muerte".
Al tiempo, el sacerdote "lamenta que, en muchos casos, las estructuras sociales estén en contradicción con el debido respeto a la persona que es imagen de Dios y finalmente quiere testimoniar su sentido de comunión con la Iglesia en su tarea pastoral y desea evitar cualquier motivo de escándalo o división".
Puede que el texto sepa a poco a muchos. Verdaderamente, no aclara nada. Pero es que tal vez no haya caso. La verdad acabará imponiéndose, y si hay algo más, seguramente saldrá. Mas lo que me temo es que muchos -como ya está sucediendo- se sientan descontentos porque Sistach no haya sacado la hoguera, y no haya puesto al pie de los caballos, en público, a su sacerdote. Maneras de entender la labor de la jerarquía. Ahí no entro: ya saben ustedes que, aunque creo en la misión ineludible de nuestros obispos, pongo por encima la verdad y la libertad de todo hijo de Dios. Y, repito, defiendo el valor sagrado de cada vida humana. Y, además, a mí no me corresponde condenar a nadie. Si finalmente se dan otras declaraciones -no lo descarten- o alguna condena canónica, veremos las razones. Si no se dan, confiemos en que Sistach -un cardenal, príncipe de la Iglesia, para que no lo olviden quienes en otros momentos colocan esta dignidad como algo esencial, cuasi divino- sabrá ejercer su función. Y, en fin, que cada cual asuma la suya. ¿Y usted? ¿Qué es lo que cree?

baronrampante@hotmail.es
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