Zapatero ha desenterrado el hacha de guerra. Ya no le sirve para nada su actitud de colaboración con la Iglesia, o eso dicen sus íntimos. Casi de vuelta, lanzará la anunciada
Ley de Muerte Digna, que será aprobada antes de junio, y que no gustará, nada, a los obispos españoles. No tanto a los religiosos expertos en el sufrimiento y la dignidad humana, que han colaborado en la redacción de la ley, y han logrado que no se incluya la eutanasia activa, y sí un elaborado protocolo de cuidados paliativos. Veremos, y muy pronto, cuál es la
reacción de la Conferencia Episcopal, que contaba con que la normativa vería la luz, pero no ahora, sino después de la JMJ. A partir de ahí, veremos qué es lo que más importa a algunos, si el dinero, las prebendas, la dignidad... o el diálogo con la sociedad. Veremos.
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