Un par de documentos

El primero de estos documentos es eminentemente administrativo y pretende que los obispos dispongan de un protocolo de actuación ante cada caso de pederastia. Tal vez su novedad es una insistencia mayor en que la Iglesia ha de llevar los casos ante las autoridades civiles, algo que parece impuesto por el respeto a las leyes, pero que ha sido eludido en tantas ocasiones apelando al «buen nombre de la Iglesia» (palabras textuales del Papa en aquella notable carta a los irlandeses).
Por esto último, además de reglamentar procedimientos, falta aún la reflexión pública del Vaticano acerca de las raíces de este enorme desastre. Benedicto XVI sólo las enunció brevemente en el referido texto de los irlandeses. Hablando en plata, el problema no es la pederastia en sí (que emana en diversos colectivos, comenzando por las propias familias), sino que durante décadas la Iglesia embalsó miles de casos con lamentable discreción, hasta que el dique se rompió en fecha tan tardía como 2002, cuando en EE UU aflora el desastre (gracias a la prensa, fuera judía, masona o del sursuncorda).
Respecto al documento sobre la misa tradicional, se trata de un empujoncito más a esta querencia tan personal de Benedicto XVI. Ante ello, la actitud de los obispos, incluso de los más inteligentes, ha sido de obediencia, pero no de entusiasmo («sumisión religiosa de la voluntad y del entendimiento», pero no más). No obstante, este nuevo documento menciona un problema serio: quienes se amparan en la misa tradicional para denigrar la Iglesia reformada del Vaticano II.
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