El desinterés del ciudadano medio español por la vida pública es evidente. Posiblemente esto se deba a la castración política a que hemos estado sometidos durante un largo período de nuestra historia.
En la actualidad puede ser efecto de la decepción de la clase política, que no ha llenado nuestras expectativas. Tambien puede deberse a que los políticos no han sabido o no han querido despertar en nosotros motivaciones para interesarnos por ella.
Sea como sea, lo cierto es que hemos de superar la apatía politica que arrastramos, si no queremos ser más tiempo sus víctimas. En caso contrario, nos exponemos a que los representantes políticos elegidos usurpen por completo nuestra responsabilidad ciudadana inalienable. De hecho así sucede cuando observan que nos desentendemos de la vida pública.
Por consiguiente, en lugar de seguir pactando con esta apatía debemos rebelarnos contra ella. Hemos de convencernos de que el bien más valioso de un pueblo es su política, por eso los ciudadanos debemos cuidarla para que sea como debe ser: la gestión honesta del bien público, que es patrimonio de todos los ciudadanos.
El argumento que esgrime Ortega para que no descarguemos toda nuestra responsabilidad en los diputados del Parlamento es muy elocuentes: el único lugar donde no está el pueblo es aquel en que está su representación.
Ya antes Rousseau había expresado este mismo pensamiento con más radicalidad:"Tan pronto como un pueblo se da representantes deja de ser libre y, además, de ser pueblo"
Los promotores de la nueva teología política europea, que han reflexionado también sobre el tema, dicen que en las instituciones representativas hay siempre sumisión a una imagen y esto es idolatría. Ésta y la alienación que le sigue aparecen cuando el poder de los representantes sobrepasa al de los representados.
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Programa electoral del partido M+J:
Desde el partido político Por Un Mundo Más Justo (M+J), partimos de la base de que todos los seres humanos son iguales en dignidad y, por tanto, deben tener acceso a una serie de derechos fundamentales. Anteponemos las personas a los beneficios económicos, situando la economía al servicio del desarrollo humano y priorizando la consecución de los derechos humanos como estrategia social, ya que sólo así se podrán sentar las bases de una sociedad cohesionada. Este posicionamiento, que puede parecer utópico, debiera ser el punto de arranque de cualquier propuesta política en nuestro país pues, en realidad, por revolucionario que parezca, se trata de una exigencia recogida en la Constitución Española. Así, nuestra norma fundamental, en su artículo 10, recoge tanto que el respeto a la dignidad de la persona es el fundamento del orden político y de la paz social como que la propia redacción de la Constitución está en conformidad con la Declaración Universal de los Derechos Humanos...(Continuaremos mañana)