Crisis del Estado de bienestar 5



Trabajo, derechos sociales y globalización


3. Los derechos sociales y el cambio social

El pensador Offe que ha reflexionado detenidamente sobre este tema, se interroga de forma muy realista y sugerente acerca de los elementos de disgregación social: Lo que importa es saber qué papel ha jugado tanto su "percepción" en la conciencia social, como sus destinatarios en tanto que factores decisivos para reorientar las políticas sociales.

El autor, un tanto optimista, da por sentado que las élites políticas y económicas ante la gravedad de las dinámicas sociales y la disgregación generadas, van a ser conscientes y van a elaborar políticas que compensen y coarten la lbre expansión de las dinámicas económicas puestas en marcha. Sería la esperanza en el liberalismo social que corregiría al liberalismo económico.

Offe es consciente de las reducidas diferencias de las grandes alternativas político-económicas, que se quedan entre la izquierda social-liberal y la derecha democrático-liberal, y descarta las posibilidades prácticas de las fórmulas anteriores de las políticas de la izquieda basadas en el conflicto y el pacto social de los años 50 a los 70: keynesianismo, intervencionismo del Estado, regulación de la economía para impulsar la redistribución social, Estado de bienestar etc.

Esta época fue de un crecimiento importante con generación de riqueza y aumento del bienestar social a la vez que de consenso e integración social y nacional, auque no tanto de redistribución entre las clases y de eliminación de la desigualdad. Según Offe, eliminando la polarización -de clase y de bloque internacional- y el predominio del consenso de centro, tendrían la palabra las mayorías sociales y electorales que, a través de los cauces institucionales políticos y sociales, podrían ser un elemento de presión a las élites...

Hay que tener en cuenta que la ciudadanía social se generalizó en un marco histórico y social concreto de desarrollo del Estado de bienestar que ha entrado en crisis. La defensa de los derechos sociales, que han ido configurando el bienestar y la conciencia social de las sociedades occidentales a lo largo de estas décadas, parece una conquista a defender. Pero, como Gidens, hay que reconocer la fragilidad de la propia ciudadanía social y de la aplicación de los derechos sociales, en particular para sectores importantes que se van viendo "fuera", en el paro y la exclusión.

Las dinámicas destructivas de la cohesión social y sus causas son muy fuertes y poderosas y, además, se pueden generar otras dinámicas conservadoras y reaccionarias con cambios regresivos. El enfoque de avanzar en una nueva ciudadanía social da por supuesto no solamente una consolidación del Estado de bienestar, sino un avance sustancial del mismo, lo que no se puede ver a medio plazo; queda como reto y acción defensiva , como propuesta útil contra el pensamiento único imperante.

Por tanto, la acción por la ampliación y consolidación de los derechos sociales es un elemento de crítica y de denuncia, de resistencia y reivindicación social, con dificultades para generar unas reformas amplias. Pero la articulación, estabilidad y envergadura de estos nuevos sujetos sociales no es muy predecible y pertenece al futuro que no está escrito; en todo caso, es necesaria una reflexión crítica sobre las buenas relaciones y los nuevos dicursos que se van planteando conectados a los nuevos y viejos problemas de la desigualdad social, que permitan encarar mejor ese futuro.

Ver Antonio Antón, en Trabajo, derechos sociales y civilización, Talasa Ediciones 2000.
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