Evangelio en el mundo
Una elección responsable
El Espíritu Santo sucita en cada uno de nosotros una respuesta de libertad. Una respuesta que viene de nosotros y que no puede venir más que de nosotros. Nadie puede responder en nuestro nombre. Jesús propone a cada uno el camino del evangelio. "Si alguno me ama. Si alguno escucha mi palabra, Si alguno quiere venir en pos de mí".
No impone nada, abre un camino, por lo que se impone una opción personal. A fuerza de estar "asegurados" de todo, se lleva una vida sin riesgo y se hace uno irresponsable. En cambio, la llamada de Dios reclama una elección arriesgada y comprometedora. En ciertos momentos de nuestra vida tenemos clara conciencia de que una elección depende de nuestra sola decisión y compromete nuestro propio porvenir.
El obispo Gaillot refiere que en su ordenación episcopal en la catedral de Évreux, una cosa le quedó muy grabada: el peso del evangelio. El maestro de ceremonias había tomado prestado de la abadía cercana un gran evangelio con los herrajes de plata. Mientras estaba arrodillado, dice, dos sacerdotes dejaban apoyar todo el peso del evangelio sobre su nuca. La asamblea cantaba ...Y él estaba deseando que pasara este rito de la imposición del evangelio, porque pensaba en el futuro, en el peso del evangelio.
Un obispo es él solo juez de los actos y de las palabras que es movido a decir o a hacer. Esta libertad de cada obispo ante Dios es a la vez maravillosa y terrible...Creer en Jesús es lo mismo que ir a él. Cuando Jesús pregunta "¿Me amas?", no es posible recurrir a otros o responder por procurador.
Pedro no le rehúye: Señor, Tú sabes todo. Tú sabes que te amo". En Mazaret, Ma ría se compromete con un "sí" que no desdecirá jamás. Si hace una pregunfa es para mejor corresponder a lo que Dios espera de ella. María da una respuesta de libertad: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".
Es una respuesta que viene de nosotros y que nos compromete. Nuestro sí nos hace solidarios con todo un pueblo. Cuando decimos sí a Cristo, estamos vinculándonos a mucha gente: "Pedro, ¿me amas?"_ "Apacienta mis corderos". El sí de María concierne a su pueblo, el nuevo pueblo de la alianza: "Me llamarán dichosa todas las generaciones".
Decir sí a Cristo es no pertenecerse ya. La gente entra en nuestra vida, la ocupan. En adelante forman parte de nosotros, de nuestra oración, de nuestras preocupaciones. Donde vayamos, van con nosotros.
El Espíritu Santo sucita en cada uno de nosotros una respuesta de libertad. Una respuesta que viene de nosotros y que no puede venir más que de nosotros. Nadie puede responder en nuestro nombre. Jesús propone a cada uno el camino del evangelio. "Si alguno me ama. Si alguno escucha mi palabra, Si alguno quiere venir en pos de mí".
No impone nada, abre un camino, por lo que se impone una opción personal. A fuerza de estar "asegurados" de todo, se lleva una vida sin riesgo y se hace uno irresponsable. En cambio, la llamada de Dios reclama una elección arriesgada y comprometedora. En ciertos momentos de nuestra vida tenemos clara conciencia de que una elección depende de nuestra sola decisión y compromete nuestro propio porvenir.
El obispo Gaillot refiere que en su ordenación episcopal en la catedral de Évreux, una cosa le quedó muy grabada: el peso del evangelio. El maestro de ceremonias había tomado prestado de la abadía cercana un gran evangelio con los herrajes de plata. Mientras estaba arrodillado, dice, dos sacerdotes dejaban apoyar todo el peso del evangelio sobre su nuca. La asamblea cantaba ...Y él estaba deseando que pasara este rito de la imposición del evangelio, porque pensaba en el futuro, en el peso del evangelio.
Un obispo es él solo juez de los actos y de las palabras que es movido a decir o a hacer. Esta libertad de cada obispo ante Dios es a la vez maravillosa y terrible...Creer en Jesús es lo mismo que ir a él. Cuando Jesús pregunta "¿Me amas?", no es posible recurrir a otros o responder por procurador.
Pedro no le rehúye: Señor, Tú sabes todo. Tú sabes que te amo". En Mazaret, Ma ría se compromete con un "sí" que no desdecirá jamás. Si hace una pregunfa es para mejor corresponder a lo que Dios espera de ella. María da una respuesta de libertad: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".
Es una respuesta que viene de nosotros y que nos compromete. Nuestro sí nos hace solidarios con todo un pueblo. Cuando decimos sí a Cristo, estamos vinculándonos a mucha gente: "Pedro, ¿me amas?"_ "Apacienta mis corderos". El sí de María concierne a su pueblo, el nuevo pueblo de la alianza: "Me llamarán dichosa todas las generaciones".
Decir sí a Cristo es no pertenecerse ya. La gente entra en nuestra vida, la ocupan. En adelante forman parte de nosotros, de nuestra oración, de nuestras preocupaciones. Donde vayamos, van con nosotros.