Excluidos de la Gran Iglesia

En la Iglesia de Jesús cabían y caben muchos. Pero había y hay dos tipos de personas que encuentran sitio en ella
a. Los particularistas, es decir, los que se erigen en única verdad y expulsan o condenan de los otros (en la línea de algunos judeo-cristianos excluyentes).
b. Los espiritualistas puros, es decir, aquellos que no admiten la "carne", es decir, la historia concreta de Jesús y de su Iglesia, el compromiso social, el diálogo mutuo, el amor a los pobres.
A pesar de lo que algún comentarista me ha pedido, no puedo plantear aquí el tema de las estructuras más concretas de la Iglesia, entre ellas la del Papa, pues ese tema no era entonces relevante, al menos en su forma actual. Buen día a todos.
1. Tema de fondo
El Nuevo Testamento no ofrece uno sino varios modelos de iglesias, vinculados a los diversos contextos personales, sociales y teológicos del cristianismo primitivo. Un modelo normativo de iglesia unificada, imponiendo unos mismos criterios y doctrinas sobre todos los creyentes, es contrario a la experiencia de Jesús y de la iglesia antigua.
Al principio no hay una sino varias comunidades, agraciadas por Dios y viviendo desde su variedad una misma experiencia de plenitud escatológica. Por eso, la unidad que brota de Jesús y que reflejan los textos del Nuevo Testamento, no es la de un imperio como el romano, ni la de un pueblo con su ley nacional cerrada, como un tipo de rabinismo, sino la brota diálogo entre las diversas comunidades que se saben vinculadas desde un mismo Jesús.
Pablo no ha querido imponer su evangelio sobre todos los cristianos, sino que ha defendido el valor de su propio mensaje e iglesia, reconociendo la validez de las demás iglesias (representadas, sobre todo, por Pedro y por Santiago) y buscando hasta el final la comunión con ellas. Por su parte, ni Mateo ni Lucas, ni el autor de Hebreos ni el Discípulo Amado, han querido imponer un tipo de doctrina y organización sobre el conjunto de las comunidades, sino que han buscado y expresado apasionadamente, y de formas distintas, pero convergentes, la expansión del evangelio a todo el mundo
2. Un pacto vital. Cuatro elementos de fondo:
La Gran Iglesia ha nacido de un pacto vital entre comunidades cuya vida y obra queda reflejada en el canon del Nuevo Testamento. Se puede (y debe) discutir en plano social y cultural la conveniencia de ese canon, pero desde una perspectiva cristiana ha sido y sigue siendo básico, pues forma el primero y más alto de todos los concilios de la Iglesia, en el que se aceptan posturas, tendencias e iglesias muy distintas, con teologías y organizaciones diferentes (proféticas o sapienciales, presbiterales o episcopales), pero con tres o cuatro elementos fundamentales (añado hoy el de la carnalidad)
1. Historia pascual de Jesús. El canon del Nuevo Testamento sólo tiene sentido si en su base colocamos la experiencia pascual de los cristianos, como sabe 1Cor 15. Las formas e interpretaciones de esa experiencia pascual pueden ser distintas, como hemos visto en galileos, judeo-cristianos y helenistas, pero todos comparten la referencia a Jesús como portador de salvación por encima de la muerte.
2. Experiencia teológica. Los cristianos no forman una simple agrupación humanista (aunque están a favor de lo humano, en forma radical), sino forman y son una comunidad “teológica”, fundada en la certeza de que Dios se ha manifestado en Jesús, y por el Espíritu Santo, hablando para todos los hombres, ofreciéndoles una salvación concreta y universal.
3. Universalidad. Exclusión de los no universales (no católicos). El canon excluye a los que quieren excluir a otros. Por eso, la Gran Iglesia rechaza (no acepta) aquellos escritos judeo-cristianos que intentan encerrar el mensaje y vida de Jesús en estructuras legales de tipo nacional y excluyen de la fe en Jesús y de su salvación a los gentiles, es decir, a los que tienen otras formas de experiencia cultural y sacral. Esta opción por la universalidad y variedad de formas cristianas ha sido destacada por la tendencia helenista (desarrollada sobre todo por Pablo). Sólo los universales (católicos) pueden formar parte de la iglesia de Jesús.
4. Carnalidad. Exclusión de los no carnales (puros gnósticos, no encarnados). El canon excluye también a los que excluyen o ponen en riesgo la expresión social (carnal) del evangelio, interpretándolo de un modo espiritualista, como pura gnosis interior. Por eso no acepta el conjunto de evangelios y libros de tendencia gnóstica, que muchas veces pueden transmitir buenas tradiciones de Jesús, pero las entienden en forma de salvación elitista, de tipo interior, que se desliga del proceso histórico (de las generaciones de la vida humana) y del compromiso de comunicación social, que se abre a todos los hombres y mujeres, especialmente a los pobres.
3. Universalidad y encarnación
Quiero destacar aquí los dos últimos elementos. Esta unión de universalidad y encarnación, partiendo de la pascua de Jesús, constituye la nota distintiva de los diversos intentos del cristianismo primitivo, asumidos en el canon, como han mostrado, desde diversas perspectivas culturales y religiosas, los grandes creadores (Pedro, Santiago, Pablo) y escritos del Nuevo Testamento (Mc, Mt, Lc, Jn, Ap).
Por eso, carece de sentido hablar de una inculturación moderna (africana o asiática, americana o romana) de una eclesiología previa, no inculturada, pues las eclesiologías del Nuevo Testamento están todas bien inculturadas dentro de una iglesia múltiple. No se puede hablar de un depósito eclesiológico, donde las cosas se encuentran definidas y perfectas, para aplicarlo después a nuestras circunstancias, pues más que un depósito hallamos varias corrientes de vida, que siguen manando y comunicándose. En ese contexto han de entenderse las áreas geográficas y los problemas actuales de la cristología.
− Áreas geográficas. Las corrientes del Nuevo Testamento y de la iglesia posterior se encuentran relacionadas con áreas geográficas: así podemos hablar de una eclesiología jerosolimitana y galilea, siria y egipcia, griega y romana, mediterránea y germana, por poner unos ejemplos. Pero tanto como las áreas geográficas influyen las diferencias culturales y personales. En Jerusalén podía haber varias eclesiología (una más judeo-cristiana, otra más helenista). En Antioquia-Siria confluyen Mt y Jn, EvTom e Ignacio. Con Éfeso-Asia están relacionados el Apocalipsis e Ireneo; con Roma, en fin, podemos vincular a Mc y Justino.
− Problemas actuales. Lo que algunos han llamado el nuevo pentecostés eclesial nos sitúa otra vez en el contexto de Hech 2: vienen a escuchar el evangelio gentes de todos los lugares de la tierra y cada uno lo entiende en su propia lengua, es decir, con su cultura y trasfondo religioso. Por eso, la rica tradición de la iglesia debe ser reasumida y recreada en formas distintas. La función del magisterio no consiste en imponer un criterio, ni en dirigir de forma unitaria las diversas eclesiologías, sino en acogerlas dentro de la comunión eclesial, sobre las bases de universalidad y carnalidad que hemos evocado ya.
Ciertamente, los problemas han cambiado, las situaciones culturales de este tiempo son distintas. Pero, en su multiplicidad, el Nuevo Testamento puede servir de modelo y punto de partida para una mejor comprensión de nuestros problemas y tareas.
1. La multiplicidad de metodologías o tendencias son inseparables de la vida de la iglesia y de las áreas geográficas y culturales distintas.
2. La voluntad de comunión de las iglesias, que se han distinguido e influidos, se han combatido y enriquecido mutuamente, en un camino de fidelidad a los orígenes (Jesús) y a las tareas (la misión del reino).
El descubrimiento de la multiplicidad del Nuevo Testamento, con la exigencia de apertura y comunión de las diversas iglesias, constituye una de las mayores aportaciones teológicas y misionales del cristianismo moderno. Sólo allí donde superamos el fantasma de la unidad impositiva y del adoctrinamiento dogmático, sólo allí donde seamos capaces de vencer una visión igualitaria de la verdad, para interpretarla como universalidad dialogal, abierta a la 'carne', es decir, a los más pobres, entenderemos el evangelio cristiano.