Buenas noticias para el Norte de Uganda
(JCR)Interrumpo hoy la publicación de mi serie “Mis Otras Áfricas” para comentar brevemente sobre la firma de tres protocolos de acuerdo de paz entre el gobierno de Uganda y los rebeldes del LRA (Ejército de Resistencia del Señor). Acostumbrados como estamos a que casi todo lo que nos sirven los medios de comunicación sobre África sea negativo, es una pena que acontecimientos esperanzadores como este pasen desapercibidos.
La guerra del norte de Uganda comenzó en 1986, y a pesar de que llegó a causar el desplazamiento de dos millones de personas y el secuestro de 40.000 niños (comparen esta cifra con los 600 secuestrados en Colombia que sí movilizan la opinión pública internacional) hasta hace muy poco apenas atrajo la atención del mundo. Finalmente, bajo presión, el julio de 2006 el gobierno y los rebeldes se sentaron a negociar en Juba la capital del sur de Sudán, y desde entonces por lo menos la violencia ha cesado en el norte de Uganda, aunque aún sigue habiendo 1.200.000 desplazados internos que no han vuelto a sus casas.
Como ocurre en todos los procesos de paz, ha habido sus momentos de retroceso e incluso en que parecía que todo se venía abajo. En diciembre del año pasado el jefe del LRA Joseph Kony ejecutó a su lugarteniente Vincent Ottii, que había desempeñado un importante papel en el transcurso de las negociaciones. Durante dos meses y medios parecía que nada se movía, y Kony destituyó al jefe de su delegación Martin Ojul, que fue sustituído por el más radical Nyekorach Matsanga. Sin embargo, esta semana que concluye ocurrió lo inesperado y se firmaron los tres acuerdos.
El primero de ellos prevé que los responsables por crímenes de guerra durante este tiempo podrán ser juzgados por la corte suprema en Uganda. El segundo prevé dar más espacio en los cargos políticos a personas del norte del país, y el tercero de ellos firmado el sábado pasado –alto el fuego total y definitivo- pone fin a la guerra de forma oficial.
Aún queda por debatir el último punto de la agenda negociadora, que se refiera a la desmobilización y reintegración de los combatientes del LRA, que actualmente se encuentran en la selva del parque nacional de la Garamba, en la República Democrática del Congo, en la frontera con Sudán. Se calcula que quedan unos mil, muchos de los cuales son niños secuestrados que han pasado en la guerrilla bastantes años.
Los dos mediadores principales han sido el vicepresidente del Sudán Meridional Riek Machar y el enviado especial de Naciones Unidas Joachim Chissano, antiguo presidente de Mozambique. Los líderes religiosos del norte de Uganda, particularmente el arzobispo católico de Gulu John Baptist Odama también han desempeñado un papel decisivo.
La guerra del norte de Uganda comenzó en 1986, y a pesar de que llegó a causar el desplazamiento de dos millones de personas y el secuestro de 40.000 niños (comparen esta cifra con los 600 secuestrados en Colombia que sí movilizan la opinión pública internacional) hasta hace muy poco apenas atrajo la atención del mundo. Finalmente, bajo presión, el julio de 2006 el gobierno y los rebeldes se sentaron a negociar en Juba la capital del sur de Sudán, y desde entonces por lo menos la violencia ha cesado en el norte de Uganda, aunque aún sigue habiendo 1.200.000 desplazados internos que no han vuelto a sus casas.
Como ocurre en todos los procesos de paz, ha habido sus momentos de retroceso e incluso en que parecía que todo se venía abajo. En diciembre del año pasado el jefe del LRA Joseph Kony ejecutó a su lugarteniente Vincent Ottii, que había desempeñado un importante papel en el transcurso de las negociaciones. Durante dos meses y medios parecía que nada se movía, y Kony destituyó al jefe de su delegación Martin Ojul, que fue sustituído por el más radical Nyekorach Matsanga. Sin embargo, esta semana que concluye ocurrió lo inesperado y se firmaron los tres acuerdos.
El primero de ellos prevé que los responsables por crímenes de guerra durante este tiempo podrán ser juzgados por la corte suprema en Uganda. El segundo prevé dar más espacio en los cargos políticos a personas del norte del país, y el tercero de ellos firmado el sábado pasado –alto el fuego total y definitivo- pone fin a la guerra de forma oficial.
Aún queda por debatir el último punto de la agenda negociadora, que se refiera a la desmobilización y reintegración de los combatientes del LRA, que actualmente se encuentran en la selva del parque nacional de la Garamba, en la República Democrática del Congo, en la frontera con Sudán. Se calcula que quedan unos mil, muchos de los cuales son niños secuestrados que han pasado en la guerrilla bastantes años.
Los dos mediadores principales han sido el vicepresidente del Sudán Meridional Riek Machar y el enviado especial de Naciones Unidas Joachim Chissano, antiguo presidente de Mozambique. Los líderes religiosos del norte de Uganda, particularmente el arzobispo católico de Gulu John Baptist Odama también han desempeñado un papel decisivo.