Ya era hora, leche....
(AE)
Ayer día 28 por fin se produjo la ansiada foto: la firma de un acuerdo entre el presidente Kibaki y el líder opositor Raila Odinga. Trabajito les ha costado a las partes ponerse de acuerdo. No hay que olvidar que hace solo un par de días un claramente contrariado Kofi Annan declaraba oficialmente que se suspendían las negociaciones y se ponía el futuro de las mismas en las manos de los dos líderes políticos surgidos a raíz de las polémicas elecciones de Diciembre.
Ante la perspectiva de ver marchar al mediador que durante un mes no ha escatimado esfuerzos para traer a la mesa de negociación soluciones factibles a los graves problemas del país, parece ser que tanto el presidente como su contrincante han tenido que ceder en sus posiciones para alcanzar un consenso, especialmente en lo relacionado a la figura del Primer Ministro, inexistente en el sistema político keniano donde la figura del presidente concentra la mayor parte del poder ejecutivo, dejando un relativo margen al parlamento unicameral.
Como en su día dijo Annan con su habitual temple de sabio africano, el solventar la crisis surgida a raíz de las elecciones es solo el primer paso. La tarea se quedaría a mitad si no se tocan a partir de ahora aquellos temas que han estado soterrados en la sociedad keniana y que han aflorado claramente en las penosas jornadas de violencia de los últimos meses. Entre estos temas, destaca principalmente el de la tierra, ya que la nueva élite que surgió a partir de la independencia y que tomó muchas de las posesiones de los colonos británicos se erigió en nuevo poder que desterró de sus tierras ancestrales a otros grupos tribales que aún hoy día claman el derecho de vivir en la tierra en la que nacieron y que tradicionalmente les pertenece. Solamente la familia de Uhuru Kenyatta, hijo del presidente fundador Jomo Kenyatta, posee ya cantidades inmensas de terreno, muchas de ellas arrebatadas a otros grupos y sin un uso agrícola particular hasta hoy día.
Junto a este tema, también está pendiente una reforma agraria que pueda crear un sistema más justo y mejor distribuido en un país donde más de la mayoría de la población vive (y sobrevive) con menos de un dólar al día.
Por lo tanto, aunque nos alegramos mucho del acuerdo alcanzado, la cosa no es que esté como para tirar cohetes... es el primer paso de un proceso que va a ser largo y que va a tener muchísimos obstáculos dentro del país, empezando por los terratenientes y los que se benefician del presente sistema de corrupción y de impunidad que reina en la administración y la sociedad de Kenia.
Ayer día 28 por fin se produjo la ansiada foto: la firma de un acuerdo entre el presidente Kibaki y el líder opositor Raila Odinga. Trabajito les ha costado a las partes ponerse de acuerdo. No hay que olvidar que hace solo un par de días un claramente contrariado Kofi Annan declaraba oficialmente que se suspendían las negociaciones y se ponía el futuro de las mismas en las manos de los dos líderes políticos surgidos a raíz de las polémicas elecciones de Diciembre.
Ante la perspectiva de ver marchar al mediador que durante un mes no ha escatimado esfuerzos para traer a la mesa de negociación soluciones factibles a los graves problemas del país, parece ser que tanto el presidente como su contrincante han tenido que ceder en sus posiciones para alcanzar un consenso, especialmente en lo relacionado a la figura del Primer Ministro, inexistente en el sistema político keniano donde la figura del presidente concentra la mayor parte del poder ejecutivo, dejando un relativo margen al parlamento unicameral.
Como en su día dijo Annan con su habitual temple de sabio africano, el solventar la crisis surgida a raíz de las elecciones es solo el primer paso. La tarea se quedaría a mitad si no se tocan a partir de ahora aquellos temas que han estado soterrados en la sociedad keniana y que han aflorado claramente en las penosas jornadas de violencia de los últimos meses. Entre estos temas, destaca principalmente el de la tierra, ya que la nueva élite que surgió a partir de la independencia y que tomó muchas de las posesiones de los colonos británicos se erigió en nuevo poder que desterró de sus tierras ancestrales a otros grupos tribales que aún hoy día claman el derecho de vivir en la tierra en la que nacieron y que tradicionalmente les pertenece. Solamente la familia de Uhuru Kenyatta, hijo del presidente fundador Jomo Kenyatta, posee ya cantidades inmensas de terreno, muchas de ellas arrebatadas a otros grupos y sin un uso agrícola particular hasta hoy día.
Junto a este tema, también está pendiente una reforma agraria que pueda crear un sistema más justo y mejor distribuido en un país donde más de la mayoría de la población vive (y sobrevive) con menos de un dólar al día.
Por lo tanto, aunque nos alegramos mucho del acuerdo alcanzado, la cosa no es que esté como para tirar cohetes... es el primer paso de un proceso que va a ser largo y que va a tener muchísimos obstáculos dentro del país, empezando por los terratenientes y los que se benefician del presente sistema de corrupción y de impunidad que reina en la administración y la sociedad de Kenia.