Más de 24 muertos en Kampala en disturbios callejeros
(JCR)
Comno suele ocurrir en la prensa española, han pasado bastante desapercibidos pos graves hechos acaecidos la la semana pasada en Kampala, donde al menos 24 personas murieron durante los graves disturbios que estallaron el día 10 y que enfrentaron a las fuerzas de seguridad del país con seguidores del rey de los Baganda. Las violentas manifestaciones duraron tres días y aislaron a la capital ugandesa del resto del país. Hubo cientos de heridos. La policía y el ejército detuvieron a casi 500 personas, las cuales han comparecieron ante los tribunales durante los últimos días, acusados de provocar los disturbios.
Los Baganda son la etnia mayoritaria en Uganda. Hace ya varios meses que las relaciones entre su rey tradicional, Ronald Mutebi, y el gobierno de Yoweri Museveni no son precisamente cordiales. El año pasado varios de los oficiales de su corte fueron detenidos, acusados de actividades subversivas. El detonante de este estallido de violencia fue una visita que el rey Mutebi había planeado a Kayunga, una zona de su reino en la que la mayor parte de sus habitantes no son Baganda y que no aceptan su autoridad. El gobierno le advirtió varias veces que no fuera adelante con sus planes, ya que temían incidentes violentos. El jueves 17, el rey envió a una delegación de su corte, y cuando la policía le bloqueó el paso y la noticia se supo en la capital, sus seguidores se lanzaron a las calles. A los que protestaban por lo que les parecía una falta de respeto a su rey pronto se unieron los saqueadores que aprovecharon la circunstancia para robar en las tiendas y mercados.
Los seguidores del rey y la oposición han acusado a la policía de un uso excesivo de la fuerza. Pero su inspector general, el general Kale Kaihura, ha respondido que algunos de los manifestantes portaban armas y ha acusado a la oposición de estar detrás de las violentas protestas, las más violentas en varias décadas. En 2005 hubo incidentes similares cuando la policía detuvo al jefe de la oposición, Kiiza Besigye, pero no hubo ningún muerto. En 2007, durante otra manifestación para protestar por la concesión de tierras de un bosque a un empresario indio hubo dos muertos.
Otra víctima de estos días de sobresaltos en Kampala han sido los medios de comunicación. El gobierno ha cerrado cuatro radios, entre ellas una de la Iglesia Católica, a las que acusa de incitar a la violencia con mensajes inflamatorios. Varios periodistas fueron detenidos, entre ellos el popular presentador Kalundi Serumaga, quien todavía no ha podido aparecer ante un tribunal por haber sido golpeado brutalmente durante su detención. Además, el gobierno ha dicho claramente que no tiene ninguna intención de volver a conceder las licencias a estas radios. La prensa escrita se anda estos días con mucho tiento a la hora de informar sobre estos acontecimientos.
En Uganda hay unas 40 etnias, algunas de las cuales tradicionalmente se han regido por un sistema monárquico. En 1966 el gobierno del entonces presidente Milton Obote abolió estas monarquías, y en 1993 Museveni las restauró, pero dándoles un papel puramente ceremonial e insistiendo en que no tienen un cometido político. Sin embargo, durante los últimos años muchos de los oficiales de la monarquía de los Baganda han presionado para que Uganda abrace un sistema federal que daría a su rey un papel de mucha más autoridad. El gobierno les acusa de interferir en política partidista y de ser un instrumento en manos de la oposición.
Dentro de dos años está previsto que haya elecciones presidenciales y parlamentarias en Uganda. Estos incidentes contribuyen a caldear el ambiente político, que se presenta conflictivo. Aunque Museveni , que lleva en el poder desde 1986, no ha declarado aún sus intenciones explícitamente, todos esperan que vuelva a presentarse. Esta vez puede tenerlo más difícil, aunque solo sea porque durante los últimos días se ha ganado un nuevo enemigo político: los Baganda, la etnia mayoritaria en Uganda.
Comno suele ocurrir en la prensa española, han pasado bastante desapercibidos pos graves hechos acaecidos la la semana pasada en Kampala, donde al menos 24 personas murieron durante los graves disturbios que estallaron el día 10 y que enfrentaron a las fuerzas de seguridad del país con seguidores del rey de los Baganda. Las violentas manifestaciones duraron tres días y aislaron a la capital ugandesa del resto del país. Hubo cientos de heridos. La policía y el ejército detuvieron a casi 500 personas, las cuales han comparecieron ante los tribunales durante los últimos días, acusados de provocar los disturbios.
Los Baganda son la etnia mayoritaria en Uganda. Hace ya varios meses que las relaciones entre su rey tradicional, Ronald Mutebi, y el gobierno de Yoweri Museveni no son precisamente cordiales. El año pasado varios de los oficiales de su corte fueron detenidos, acusados de actividades subversivas. El detonante de este estallido de violencia fue una visita que el rey Mutebi había planeado a Kayunga, una zona de su reino en la que la mayor parte de sus habitantes no son Baganda y que no aceptan su autoridad. El gobierno le advirtió varias veces que no fuera adelante con sus planes, ya que temían incidentes violentos. El jueves 17, el rey envió a una delegación de su corte, y cuando la policía le bloqueó el paso y la noticia se supo en la capital, sus seguidores se lanzaron a las calles. A los que protestaban por lo que les parecía una falta de respeto a su rey pronto se unieron los saqueadores que aprovecharon la circunstancia para robar en las tiendas y mercados.
Los seguidores del rey y la oposición han acusado a la policía de un uso excesivo de la fuerza. Pero su inspector general, el general Kale Kaihura, ha respondido que algunos de los manifestantes portaban armas y ha acusado a la oposición de estar detrás de las violentas protestas, las más violentas en varias décadas. En 2005 hubo incidentes similares cuando la policía detuvo al jefe de la oposición, Kiiza Besigye, pero no hubo ningún muerto. En 2007, durante otra manifestación para protestar por la concesión de tierras de un bosque a un empresario indio hubo dos muertos.
Otra víctima de estos días de sobresaltos en Kampala han sido los medios de comunicación. El gobierno ha cerrado cuatro radios, entre ellas una de la Iglesia Católica, a las que acusa de incitar a la violencia con mensajes inflamatorios. Varios periodistas fueron detenidos, entre ellos el popular presentador Kalundi Serumaga, quien todavía no ha podido aparecer ante un tribunal por haber sido golpeado brutalmente durante su detención. Además, el gobierno ha dicho claramente que no tiene ninguna intención de volver a conceder las licencias a estas radios. La prensa escrita se anda estos días con mucho tiento a la hora de informar sobre estos acontecimientos.
En Uganda hay unas 40 etnias, algunas de las cuales tradicionalmente se han regido por un sistema monárquico. En 1966 el gobierno del entonces presidente Milton Obote abolió estas monarquías, y en 1993 Museveni las restauró, pero dándoles un papel puramente ceremonial e insistiendo en que no tienen un cometido político. Sin embargo, durante los últimos años muchos de los oficiales de la monarquía de los Baganda han presionado para que Uganda abrace un sistema federal que daría a su rey un papel de mucha más autoridad. El gobierno les acusa de interferir en política partidista y de ser un instrumento en manos de la oposición.
Dentro de dos años está previsto que haya elecciones presidenciales y parlamentarias en Uganda. Estos incidentes contribuyen a caldear el ambiente político, que se presenta conflictivo. Aunque Museveni , que lleva en el poder desde 1986, no ha declarado aún sus intenciones explícitamente, todos esperan que vuelva a presentarse. Esta vez puede tenerlo más difícil, aunque solo sea porque durante los últimos días se ha ganado un nuevo enemigo político: los Baganda, la etnia mayoritaria en Uganda.