La conquista de uno mismo es la mayor victoria que el hombre y la mujer pueden lograr en toda su existencia. El mayor esfuerzo de un ser humano debe ser que su razón y su corazón estén cargados de bien, y la vida sea atravesada por el amor hacia el prójimo.
En el sagrario interior, en tu conciencia, examina tus defectos y pon medios para corregirlos. No critiques solamente a los demás de los suyos, sé comprensivo con los fallos del otro y pon tu esfuerzo en “ser perfecto como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt 5,48)