El filósofo concibió el acto coma "una concelebración de la amistad, en la que los vascos son recios" Amigos y alumnos homenajean al filósofo Andrés Ortiz-Osés en la Universidad de Deusto

(Iñaki Esteban. El Correo).- Andrés Ortiz-Osés concibió el acto de ayer en el paraninfo de la Universidad de Deusto como "una concelebración de la amistad, en la que los vascos son recios". Y se cumplieron sus palabras, aunque él no pudiera estar por motivos de salud. Leyó el texto uno de sus alumnos, el profesor y crítico de arte Jaime Cuenca, y cantó los versos de su último libro, "Poética sentí-mental" (ediciones Ars Poética), el músico Gontzal Mendibil. Fue una velada que sirvió también para reivindicar a este filósofo que llegó de la Universidad de Innsbruck a Deusto en los años 70 y elaboró su teoría sobre el matriarcalismo vasco.

"En mi larga estancia bilbaína y deustense critiqué el patriarcalismo, incluido el franquista, en nombre del viejo matriarcalismo vasco, pero no para quedarme en él, como algunos pensaron y aún piensan algunos, sino para dar paso a un fratriarcado, a la hermandad o fraternidad universal de tipo ilustrado y de inspiración cristiana, y por tanto con un toque romántico", leyó Cuenca del texto del filósofo aragonés, nacido en Tardienta -en los Monegros oscenses- en 1943, y que llama a sus amigos "los amigotes".

Ortiz-Osés recordó ayer a este periódico sus años de profesor "en un Bilbao nervioso y con el Nervión al lado" en el que trataba de enseñar a gente joven filosofía, que para mí no es una carrera sino una vocación que plantea el sentido de la existencia en clave de un amor abierto y radical".

Entre sus ex alumnos se encuentra el cineasta Alex de la Iglesia y los filósofos Luis Garagalza, Patxi Lanceros y Fernando Bayón, que participó en el acto de homenaje en el paraninfo universitario, lo mismo que el abogado y masón Javier Otaola.

Como muestran los poemas de Ortiz-Osés, en vez de oponer lo erótico a lo religioso, lo vital a lo racional, el autor de "Poética sentí-mental" trata de implicar los dos términos como parte de la misma experiencia. "defiendo un erotismo cultural, una religión abierta y una razón afectiva, una racionalidad cromática o simbólica, colorista y no en blanco y negro, en busca no de la vieja verdad pura o purista, puritana, sino de la verdad encarnada, del sentido existencial", explica el autor de "Poética senti-mental", que también ha publicado recientemente "La razón del amor".
Perdonar y juzgar

Muy amigo de Eugenio Trias, Ortiz-Osés estudió en Innsbruck con Franz-Karl Mayr y con Hans-Georg Gadamer, uno de los grandes filósofos del siglo XX, alumno de Martin Heidegger. Ambos le dieron los instrumentos para dedicarse a la interpretación de los símbolos, tarea que le puso en contacto con el grupo internacional del Círculo de Eranos, inspirado por el psicoanalista rebelde Carl Gustav Jung y del que han formado parte Mircea Eliade y Gilbert Durand, entre otros.

En uno de sus últimos artículos en El Correo, titulado "asumir el mal", partía del movimiento del Me Too como crítica al patriarcalismo y proponía extender el mismo tipo de denuncia a "toda violencia y violación", como "la corrupción política y la pederastia clerical". "Respecto al pecado, como dice el Papa Francisco, hay que perdonar, pero respecto al delito hay que juzgar aunque sin llegar a un Estado de enjuiciamiento inquisitorial", sostenía.

Defendía la música "como vehículo del amor", de reconciliación, como el "mejor medio para restañar nuestras heridas y sublimar la vida dolorida". "El cantautor vasco Gontzal Mendibil ha sido mi último refugio poético final" contaba el filósofo en su artículo. Andrés Ortiz-Osés se despedía ayer en el texto leído por Jaime Cuenca en la Universidad de Deusto de la siguiente forma. "Un gran abrazo para todos desde Zaragoza en Aragón. De corazón, bihotez, biosés".

LA AMISTAD VASCA

El amor no delinque
(AOO).

Finalmente no ha podido ser: he estado haciendo un esfuerzo para acudir a la Presentación de mis libros en Deusto, pero mi grave enfermedad me lo impide en el límite. Gracias a todos por vuestra colaboración, y perdón por mi debilidad, agradeciendo desde aquí vuestro homenaje. Mis colaboradores me representarán estupendamente, recitando algunos poemas musicados por el buen amigo Gontzal Mendibil. Se trata de una poética senti-mental, así pues basada en la mente y en el corazón como "co-razón" de nuestra propia razón. Por eso este acto es una concelebración de la amistad, en la que los vascos son recios representantes. Hagamos votos para que esa reciedumbre no se manifieste también con la misma fuerza en lo opuesto, o sea, en la enemistad.

En mi larga estancia bilbaína y deustense critiqué el patriarcalismo, incluído el franquista, en nombre del viejo "matriarcalismo vasco", pero no para quedarme en este como algunos pensaron y aún piensan, sino para dar el paso a un fratriarcado o fratriarcalismo, a la hermandad o fraternidad universal de tipo ilustrado y de inspiración cristiana, y por tanto con un toque romántico. Pues bien, Gontzal Mendibil fue de los que captaron bien mi mensaje en favor de la fratría o fratria, por eso ambos nos hemos unido para cantar a favor del amor y la amistad, del afecto y la afectividad en medio de un mundo cargado de odios, riñas y peleas. Se trata de proclamar la apertura cordial frente a la cerrazón mental, y esa apertura está simbolizada por el lenguaje de la comunicación, y especialmente por el lenguaje poético-musical, el cual trasfigura la realidad meramente literal o material en simbólica, anímica o espiritual.

Eros es el amor como apertura al otro, y está al principio del mundo como origen, en medio del mundo como mediador y al final del mundo, es decir, en la muerte como apertura radical a la otredad. Sócrates toca la flauta poco antes de morir, como abriendo la vida a su más allá o trascendencia. Por eso para nuestro Unamuno la fe o creencia es ya querencia o amor, mientras que viceversa para Bécquer querer o amar es ya creer en Dios. Y es que el amor abre nuestra identidad cerrada en una identidad herida y diferida, abierta y trascendente. Esta apertura trascendental es todo lo que os deseo desde mi enfermedad y amistad.

En mi poema "Muéveme" me inspiro el el gran soneto atribuído a santa Teresa "No me mueve mi Dios para quererte", pero para trasladar su sentido sagrado al amor humano, y viceversa del amor humano a su trascendencia. En realidad la clave de mi filosofía ha consistido en tratar de secularizar lo religioso sin profanarlo, así como de religar lo secular sin sobrereprimirlo. Pues el amor y la religión se intersectan porque dicen algo crucial: religación. Un gran abrazo para todos desde Zaragoza en Aragón: de corazón, biotzez, biosés.

Andrés Ortiz-Osés


Volver arriba