"Para él la conciencia era algo sagrado, viendo en ella la voz de Dios" Barrio en el funeral de Fraga: "Se le murió a su familia; se le murió a Galicia; se le murió a España"

El arzobispo de Santiago, Julián Barrio, ha reconocido al expresidente de la Xunta y fundador del Partido Popular, Manuel Fraga Iribarne, --fallecido el domingo a los 89 años de edad-- como "una persona de bien" , el cual "defendió los valores de la civilización occidental" --que según ha remarcado en la homilía de este sábado en el funeral celebrado en Santiago de Compostela-- "nació peregrinando en torno a la memoria del Apóstol Santiago y buscó el sentido de un porqué que ayuda a soportar cualquier cómo".

En la homilía pronunciada este sábado por Julián Barrio en una Catedral de Santiago repleta de personas, ha recordado que Fraga Iribarne "no ocultó nunca su fe, siendo consciente que es un don al servicio de los hombres". Por ello, ha reconocido al fundador del Partido Popular como "una persona de bien", que "supo mirar lejos, con amplitud y con profundidad", y "descubriendo los retos de la existencia en las encrucijadas de la historia".

Así, tras arrancar la homilía destacando que: "celebrar cristianamente la muerte es proclamar que nos fiamos de Dios sabiendo que no nos abandona más allá de la muerte", ha apuntado que "sólo se comprende la vida a la luz de la muerte", porque "prepararse a morir es vivir naturalmente".

En este sentido, Barrio ha dicho de Fraga que "siendo sabedor de que cumplir la misión es alcanzar el destino", el expresidente de la Xunta manifestó que "para un cristiano la muerte carece de problemas y de dramatismos, porque está superada por la resurrección, que es dogma esencial".

CONTRA EL "EMPOBRECIMIENTO INTELECTUAL"

"Para él la conciencia era algo sagrado, viendo en ella la voz de la profundidad del hombre y de la sabiduría de Dios en el medio de las turbulencias de las actividades privadas y públicas. Defendió los grandes valores de la civilización occidental de la Europa que nació peregrinando en torno a la memoria del Apóstol Santiago y buscó el sentido de un porqué que ayuda a soportar cualquier cómo", ha subrayado Julián Barrio en la homilía, que ha pronunciado parte en castellano y parte en gallego.

Junto a esto, Barrio ha remarcado que quien fue senador hasta el pasado mes de noviembre "vislumbró la novedad, que es un desafío a la miopía y al empobrecimiento intelectual".

A renglón seguido, ha destacado que a Fraga tras su fallecimiento "se le murió la Galicia a la que conoció profundamente", "se le murió" su amada familia y "la España a la que sirvió en su vocación política con dedicación generosa y honradez admirable".

Al respecto, ha recordado la vida y obra de Manuel Fraga como un destino "asociado a la vida y muerte de Cristo". "Pedimos con el patrocinio del Apóstol Santiago y con la intercesión de la Virgen María, que el señor lo acogiese en el banquete del reino de los cielos", ha concluido Barrio en su homilía.

Además de varios miembros de la familia de Fraga, el funeral ha reunido una amplia representación del Gobierno central, de la Xunta y de partidos políticos. Además de Mariano Rajoy, acuden los ministros de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón; Fomento, Ana Pastor; Sanidad, Ana Mato; e Industria, José Manuel Soria. También líderes del PP en otras comunidades, como el presidente del Ejecutivo valenciano, Alberto Fabra.

La representación gallega, encabezada por Feijoo, cuenta con buena parte de los conselleiros que formaron parte de los Gobiernos de Fraga en sus cuatro mandatos, además del resto de expresidentes, los actuales conselleiros, presidentes de las cuatro diputaciones y una nutrida presencia de alcaldes. El PSdeG está representado por su secretario general, Pachi Vázquez.

Entre los asistentes a la ceremonia están también los tres expresidentes de la Xunta Gerardo Fernández Albor, Fernando González Laxe y Emilio Pérez Touriño.

Para la ocasión se han fletado más de 60 autobuses desde distintos puntos de la comunidad. Cientos de personas han seguido la ceremonia desde la pantalla gigante que el Ayuntamiento compostelano ha instalado en el Obradoiro.

Como ya ocurrió el pasado martes en el entierro en Perbes, la Real Banda de Gaitas de Ourense interpretó el Himno del Antigo Reino de Galicia. El acto terminó con un acto en la plaza en el que se proyectará un vídeo sobre la vida de Fraga, antes del broche final con el Himno Galego, que escucharán las autoridades desde un palco exterior.(RD/Ep)

Texto íntegro de la homilía de monseñor Barrio en el funeral de Manuel Fraga


D. Manuel, siendo sabedor de que cumplir la misión es alcanzar el destino, manifestó: "Para un cristiano la muerte carece de problemas y de dramatismos, porque está superada por la resurrección, que es dogma esencial".

"Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida y habitaré en la casa del Señor por años sin término". Celebrar cristianamente la muerte es proclamar que nos fiamos de Dios sabiendo que no nos abandona más allá de la muerte y que creemos en la vida eterna. Dios está comprometido con lo que ha creado, amado y modelado y no renuncia a nosotros ni siquiera al otro lado de la muerte donde tenemos a Cristo para interceder por nosotros ante Dios Padre.

Nuestra esperanza cristiana consiste en que si nos hemos acostumbrado a vivir con Cristo en esta vida, hemos ido afirmando algo que nos permitirá sobrevivir al miedo de enfrentarnos cara a cara con la verdad, presentándonos ante Dios para participar en su felicidad "donde descansaremos y veremos, veremos y amaremos, amaremos y alabaremos". Hay que atravesar la noche oscura antes de alcanzar la aurora, algo necesario para acoger lo que Dios quiere concedernos, dejando que Dios sea Dios en nosotros y para nosotros. Por tanto, trivializar la muerte es trivializar la vida, y quien sabe dar razón de la muerte y dar amor a los muertos, sabe dar razón de la vida y amor a los vivos.

Los creyentes no necesitamos otro consuelo ni otro motivo que estar siempre con el Señor para vivir con esperanza y para morir con sosiego. Aquí encontramos la razón de ser de nuestro compromiso cristiano en el ir tejiendo día a día el tapiz de nuestra existencia. Estar siempre con el Señor sin el agobio de quien se siente incómodo; saborear la fidelidad de Dios para siempre y sin el riesgo de ofuscarnos por el engañoso atractivo del mal y del pecado, viendo la gloria del Señor Jesús que se entregó a la muerte por nosotros y la venció definitivamente con su resurrec­ción que es realidad de perdón, amor y gloria para los que creen Él. El destino del hombre es un destino de amor y de compañía dichosa con Aquel que nos ha creado, nos salva y nos espera. "Aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad". Dios nos creó llamándonos desde la nada, y nos resucitará llamándonos desde la muerte a la vida eterna. "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?" (Lc 24, 5). D. Manuel, siendo sabedor de que cumplir la misión es alcanzar el destino, manifestó: "Para un cristiano la muerte carece de problemas y de dramatismos, porque está superada por la resurrección, que es dogma esencial".

El misterio de la muerte es el pensamiento fundamental de la concepción cristiana de la vida. Hemos de aceptar la claridad que nos trae, tremenda y consoladora. "Tremenda porque la certeza de la vida futura modifica nuestros juicios sobre el valor de las cosas y de los acontecimientos de nuestra vida temporal, y nos aconseja sobre la inevitable responsabilidad de todos nuestros actos en relación al juicio futuro de Dios. Consoladora porque la certeza de la vida futura significa la victoria sobre la muerte; ese fatal y temible acontecimiento que pone fin a nuestra vida temporal, pero no suprime en realidad nuestra existencia". Hay momentos "que tienen la exigencia y el poder de la verdad, revelan lo esencial y desenmascaran lo artificial". Uno de ellos es la muerte. "Sólo se comprende la vida a la luz de muerte. Prepararse a morir es vivir naturalmente".

Recordamos hoxe a Don Manuel que non ocultou nunca a súa fe, sendo consciente de que é un don ao servizo dos homes que nos leva a confesar que "se vivimos, para o Señor vivimos; e, se morremos, para o Señor morremos; así que, vivamos ou morramos, somos do Señor. Por iso mesmo morreu e resucitou Cristo: para ser dono dos mortos e dos vivos" (Rom 14, 7-9). Persoa de ben, "soubo mirar lonxe, con amplitude e con profundidade", descubrindo os retos da existencia nas encrucilladas da historia. Para el a conciencia era algo sagrado, vendo nela a voz da profundidade do home e da sabedoría de Deus no medio das turbulencias das actividades privadas e públicas. Defendeu os grandes valores da civilización occidental da Europa que naceu peregrinando en torno á memoria do Apóstolo Santiago e buscou o sentido dun porqué que axuda a soportar calquera como. Cultivou o propio e específico no contexto do común e universal. Albiscou a novidade que é un desafío á miopía e ao empobrecemento intelectual. Don Manuel morréuselle á súa familia á que quixo entrañablemente como fillo, irmán, esposo, pai e avó; morréuselle a Galicia á que coñeceu profundamente porque amou intensamente á súa historia, á súa cultura e ás súas xentes; e morréuselle a España á que serviu na súa vocación política con dedicación xenerosa e honradez admirable. Nunca esqueceu as súas raíces: Vilalba, Perbes, Santiago de Compostela, toda Galicia. Sentía necesidade delas.

Queridos fillos de Don Manuel, pai e morte son palabras penúltimas porque sagradas e últimas son Deus Pai e vida eterna. O tempo da proba para el deu paso á eternidade da recompensa. "Se o gran de trigo cae na terra pero non morre, quedará el só; pero se morre dará froito abondoso" (Jn 12, 24). Soamente esta esperanza pode consolar axeitadamente a perda dun ser querido e dar sentido á súa vida e á súa morte, aos seus proxectos e traballos.

Esta mañá en torno ao altar de Deus facemos memoria do Señor Xesús que morreu por nós, polos nosos pecados, pola nosa xustificación. Ao mesmo tempo facemos memoria de D. Manuel, asociando o seu destino á vida e á morte de Cristo, porque o home é o ser de quen Deus nunca se esquece. O noso agradecemento, afecto, estima e oración para el, invocando a misericordia de Deus, compasivo e misericordioso sobre a súa historia e a súa persoa. Estou seguro de que podería dicirnos neste momento: "Eu sei quen son. E Deus enténdeme. Que Deus sabe a verdade de todo e pois Deus nos trouxo a este mundo, El sabe para que, e á súa misericordia me ateño". Encomendámoslle con esperanza cristiá e pedimos co patrocinio do Apóstolo Santiago e coa intercesión da Virxe María que o Señor o acollese no banquete do Reino dos ceos. Agora continuamos a celebración da Eucaristía, Sacrificio que proclama a vitoria da Vida sobre a morte e da Graza sobre o pecado. Amén.

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