Acompañaron a su patrona en la romería de la "Morenica" 700.000 murcianos arropan a la Virgen de la Fuensanta

­En la ciudad la noche todavía reinaba cuando varias luces de tímidos cirios conquistaban poco a poco la plaza del Cardenal Belluga. Como en todo acto que se precie siempre hay quienes son más puntuales que otros, pero ayer la puntualidad tenía un porqué: conseguir un buen sitio para presenciar la misa presidida por el obispo de la Diócesis de Cartagena, José Manuel Lorca Planes. Y es que, pasadas las siete de la mañana, la Catedral de Murcia no podía albergar a ningún romero más, ya que miles de personas acudían al templo para comenzar la mañana acompañando a la Virgen de la Fuensanta. Lo cuenta Marga Jiménez-Fontes en La Opinión de Murcia.

Mientras tanto, la plaza era un ir y venir de gente. Había quien no decidía en qué lugar colocarse para poder ver salir a la Morenica con su manto más huertano, el azul bordado en blanco de la peña La Pava. Poco a poco una de las plazas con más solera de Murcia iba abarrotándose cada vez más y por los balcones salían los vecinos privilegiados, que disponían de magníficos «palcos» desde donde observar uno de los momentos más esperados de la romería de la Fuensanta, su salida por la puerta principal de la Catedral.

Pero antes, dentro de dicho templo Lorca Planes animaba a los murcianos a imitar a Jesús, «quien se entregó con amor y solidaridad a los demás». Asimismo, el obispo de la Diócesis de Cartagena aconsejó a sus fieles que «en momentos de crisis» siguieran a la Virgen, que «nos ayuda a continuar adelante y no perder la fe».

Minutos antes de las ocho de la mañana el murmullo de las miles de personas que esperaban a la patrona fue subiendo el volumen, pero tras el repique de campanas, con unos minutos de retraso, apareció la Fuensanta, que fue recibida con fuertes aplausos y el tradicional himno de España. Una vez piropeada «como Dios manda», la Morenica comenzó su camino hacia el santuario del monte en una mañana soleada y en la que en ni un sólo segundo quedó sola, ya que cientos de miles de murcianos le volvieron a demostrar su amor y devoción.

La plaza del Cardenal Belluga se quedó pequeña y, de hecho, hasta el barrio del Carmen se formó una gran hilera de personas que no quisieron empezar a caminar hasta que la Virgen de la Fuensanta pasara ante ellos. En el puente de los Peligros se repitió una bella estampa y la campana sonó al paso de la patrona como despedida afectuosa.

Al llegar a la iglesia del Carmen, el Cristo de la Sangre la esperaba en su nueva capilla y sobre la bella imagen de la Morenica cayó un suave y delicado manto de pétalos de rosa. Una dulce despedida para una Virgen que decía adiós a sus hijos antes de volver a su morada en el monte. Pero aún le quedaba un largo recorrido en el que el buen tiempo fue uno de los protagonistas.

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