El sano relativismo, hasta de la mística.

Esta afirmación pudiera ser un "credo" más de aquellos que ven las cosas de otra manera, la manera normal de enjuiciar "las cosas de la vida". Podríamos continuar con "lo de siempre": no hay evidencias racionales de lo que afirman, que sus postulados no cambian sustancialmente la vida de las personas y las sociedades, que son elementos culturales añadidos, que las explicaciones "vienciales" tienen más base en fundamentos psicológicos que en teológicos, que más unen que desunen a los hombres... ¡Lo de siempre!
No se puede saber si es verdad o mentira lo que unos y otros afirman, pero es ahí donde se funda la virtualidad del creer: "Creo porque me sirve". Curiosamente eso da consistencia a lo que se cree. Para otros, sin embargo, la Trinidad divina, la Encarnación, la Historia de la Salvación, la intervención de Dios en la historia (Providencia)... no tienen consistencia real alguna. Son precisamente eso, "credos" de los que lo creen.
La casuística crédula está plagada de afirmaciones banales derivadas de los grandes principios que, mire Ud., "por ahí no paso". Pero ¡se creen! Tengo delante una portada editada hacia 1890 de la oración del Beato Bernardino de Feltro (S. XV) ("Alma de Cristo, santifícame", etc) donde aparece la imagen en perfil de un señor, con barba ensortijada y magníficamente cuidada, larga cabellera, frente y nariz rectilíneas, labio inferior retraído, con un texto debajo de este cariz:
"Verdadero retrato de Nuestro Señor Jesucristo, sacado por oden del emperador Tiberio César, en una esmeralda de gran tamaño, a la vista personal de Jesús, cuando éste predicaba en la Judea. Existe en el Vaticano desde el tiempo del Papa Inocencio VIII a quien le regaló el emperador de los Turcos por el rescate de un hermano suyo cautivo entre los cristianos".
De los conceptos fundamentales y fundacionales proceden los hechos coyunturales, el devenir diario, las instituciones, las manifestaciones... La vida diaria de los entregados a la organización se mueve dentro de un supuesto indiscutible --se da por descontada la verdad dogmática-- pero se ocupa y pre-ocupa en las labores del día a día, en las que quedan absortos y enfangados: tal acto público, tal reunión, tal programa; la JMJ, el viaje a Roma o a Santiago, el Sínodo, los cursillos; esta novena, este via crucis, esta hermandad...
La geografía de las religiones, su simbiosis política, su necrosis gerontológica... son derivación de ese carácter humano de las mismas. Y no nos vengan con el tópico de siempre, que "Dios se esconde entre los pucheros"... Son los pucheros los que crean a Dios. Es el hombre el que crea a Dios y no al revés.
De afirmaciones generalistas descendemos a hechos concretos: los santos y su "virtualidad" taumatúrgica, literaria y pastoral. Una de las consecuencias de “relativizar” (en el sentido de "cosa relativa a o relacionada con") e incluso rechazar, por irracionales, los presupuestos crédulos es “poner en su sitio” a los santos.
Cuando las cosas se miran con ojos humanos, caen los velos y se descubre que cuanto hicieron, dijeron, sintieron y hasta sufrieron... no es más que aquello que yo mismo o los que están a mi lado pueden hacer. Pero, cuidado, ¡ni tampoco menos! No podemos negar méritos a labores extraordinarias.
De santos del pasado y muy-pasado, no digamos nada de su traslación a nuestros días. La mayor parte de lo que dijeron, como fruto del tiempo, nos lleva a deducir que su mensaje no tiene el más mínimo viso de realidad. La mayor parte de las cosas son fruto del tiempo, de la época, del ambiente, de la elucubración y de la cultura en la que se movían.
Paradigma literario al canto: Juan de la Cruz escribió obras estilísticamente admirables, pero cuando comienza a hablar de “noche activa del sentido”, “noche activa del espíritu”, “noche pasiva del espíritu” uno no sabe si admirarse de tanta fantasía psicológica y filosófica extraída de la corriente mística precedente –que es muchísima— y de su saber bíblico, o pensar que son las tópicas dudas de fe expresadas en lenguaje simbólico.
Quien más quien menos, todos cuantos han “rozado” la religión han sentido los garfios de la duda, de si aquello en lo que se cree será verdad, de si el Dios en quien confían no será algo deletéreo: ¿eran distintos a nosotros aquellos que sentían su vivencia religiosa de forma tan exacerbada?
Añadamos, para tener un punto de vista más certero, el hecho de que todos los escritos sobre religiosidad de tiempos pasados fueron producto de personajes encerrados en conventos, abadías y beaterios.
Un análisis crítico de toda la literatura mística, que partiera de hipótesis distintas, podría llevar a conclusiones muy sabrosas... también relacionadas con la “líbido” freudiana.
¿Pero interesa a alguien que nada tenga que ver con tales "vivencias"?