Censuras y Anatemas

Se llama “Manuel” que bíblicamente significa nada más y nada menos que “Dios con nosotros” y en su apellido se reflejan con exactitud signos religiosos de redención y de vida. Con la seguridad de que en determinadas culturas nombres y apellidos imprimen carácter, es hasta posible que ideas y comportamientos de algunas personas pudieran llegar a estar condicionados entitativamnente por cada una de las letras que componen su identidad individual, en este caso todas “salvadoras”. En la hipótesis, igualmente posible, de que, por ejemplo, el nombre fuera “Judas” y los apellidos “Hacha” o “Cienfuegos”, a los penalistas habrían de planteárseles serios problemas al tener que juzgar y decidir situaciones en las que estuviera en juego la plena libertad de los individuos.

Pero el caso es que, sin yo proporcionarle el más leve motivo, en una ocasión Manuel X.X. –Manolo para los amigos-, me espetó que él era miembro del “Opus Dei”, con un tono de notoriedad y deleite propio de la proclamación de una verdad revelada, muy por encima del bien y del mal. Yo me limité a confesarme cristiano, sacerdote por más señas, y además, y para mayor y mejor abundamiento, partidario del “Real Betis Balompié”.

La razón que justifica la presencia hoy de Manolo en mi blog responde a un hecho que, por su reiteración, está ya a punto de alcanzar categoría de norma y procedimiento comunes en los aledaños de la Iglesia, además con connotación de misión y hasta de cruzada, con sus bendiciones e indulgencias. En la antesala de la consulta de un médico, en la que un servidor de ustedes esperaba ser recibido para que el galeno me tomara la tensión arterial, Manolo exteriorizó ante el personal que esperaba, su disconformidad con mi modo de pensar en determinados temas relacionados con la Iglesia, con las siguientes palabras:”Estuve a punto de salirme el domingo anterior de la misa, porque la homilía que predicaste no fue otra cosa sino un mitin…”

Yo no recuerdo con exactitud de qué tema traté, que fuera el que escandalizara a este feligrés, aunque sospecho que estuviera relacionado con la mujer y la Iglesia, dado que una chica que se encontraba en la antesala manifestó que ella sí que estaba de acuerdo y que le había gustado…Pero de todas maneras, la aseveración pública y condenatoria de Manolo, me instó a advertírselo al médico, con el fin de que tuviera presente tal circunstancia al valorar e interpretar la posible subida de tensión provocada por las anatematizadoras palabras. Por cierto que curiosamente en ellas mostró especial empeño en salvarme de las denuncias contenidas en mi libro “Proceso a los Tribunales Eclesiásticos”, sin más mérito por mi parte que haber apuntado a algún caso que afectara, o pudiera afectar, a alguno de los familiares de Manolo. En el examen de “catolicidad” que este somete a los periódicos que se editan hoy en España, salvó tan solo a uno, dignos todos los demás de las calderas de Pedro Botero, con inclusión de sus directores, colaboradores y lectores. Sin tiempo para haberle preguntado si el que él dirigió en determinada ocasión fue o no católico, me ahorré comentarle si por la misericordia de Dios también él disfruta de la condición soberana de ser excanditado del infierno.

Redacto este blog en el marco de los actos conmemorativos del bicentenario de “La Pepa”,- con sus “¡vivas¡”-, en la que por más señas fue borrado constitucionalmente de la haz de las tierras hispanas nada menos que el “Santo Tribunal de la Inquisición , con acceso salvador para la libertad de prensa y conciencia.

Pero esta fue y es la reconfortante y placentera teoría, cuya vigencia apenas si sobrepasó los dos años. La práctica fue muy distinta. Fue y sigue siéndolo, aunque los procedimientos hayan cambiado algún tanto en la actualidad.” Manolos” con capacidad para hacerles subir la tensión a curas y a cristianos que piensen de distinta manera hay muchos. Y además están indulgenciados, y aseguran actuar “en el nombre de Dios”, misioneros de la verdad absoluta y con la segura convicción de que obedecen a la autoridad oficial de la Iglesia, cuya jerarquía jamás los descalificará, o al menos no lo hará con la frecuencia y publicidad que lo practica cuando hace recaer sus anatemas sobre los “candidatos a herejes”.

Señores del “Opus Dei” y asimilados, hagan el favor, -o, mejor, practiquen la caridad-, de sofocar los impulsos redentores de sus “fieles” en la diversidad de versiones canónicas, adoctrinándolos en verdad tan elemental como la de que en la Iglesia hay muchas “mansiones”, de que la pluralidad es y hace a la Iglesia, y de que a esta, y por encima de todo, es la comunión -común unión- lo que la justifica y mantiene. Jugar a “cruzadas” y a “cruzados” a estas alturas de la historia española, es una insensatez y una falta de respeto para con los vivos, para con los muertos y para los que puedan morir.
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