Curas y Política

Los tiempos, nuestros tiempos, son ya cien por cien electorales. Y la noticia que sustenta esta reflexión procede de la comunidad autónoma de Galicia en una de cuyas parroquias su sacerdote rompió toda clase de amarras, incluida las canónicas y no se privó de convertir sus prédicas en otros tantos mítines de carácter netamente político. En su caso las siglas que amparan convicciones, objetivos y eslóganes se garrapatean con las letras y procedimientos de PSOE. En otros casos emblemas y alegorías son las propias y especificas de otros partidos, grupos o agrupaciones con aspiraciones a ser declaradas un día legales.

• El sacerdote, por sacerdote, y además y todavía como miembro cualificado de las llamadas “fuerzas vivas de la localidad” ejerce y actúa como autoridad moral en los pueblos, como influencia a veces decisiva en la determinación que también en relación con la política puedan tomar los parroquianos. Los votos de muchos ciudadanos del censo, sobretodo en los núcleos populares, tanto en su dirección municipal, como autonómica, europea y general, estuvieron y están orientados por consejos o prescripciones clericales. El prestigio social del que también se revisten los curas, su condición de interpretes y mensajeros de la Palabra de Dios, su convencimiento personal de que “el bien de las almas” está por encima de cualquier prohibición de hacer política y la comprobación de que el resto de las fuerzas vivas de la localidad no se sienten incomodas, sino todo lo contrario por impartir a los ciudadanos los consejos que estimen procedentes en cada caso y para cada opción, son razones que ano pocos curas les sirve de justificación o excusa en su actividad, que algunos puedan tachar a veces de política, y aún de partidista.
• Sobreponerse a eliminar cualquier actitud o actividad de tipo político, y más las que salvaguardan las hipocresías, es de por si tarea fundamentalmente evangélica, teniendo sobretodo como referencia las mismas palabras de Cristo Jesús que instan a ¡dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar” pero la política es vida, y a la vida es difícil –imposible- enmendarla, en lugares tan concretos de los pueblos como son los centros de los partido políticos, los salones dedicados a los mítines, las vallas publicitarios, o los espacios de los medios de comunicación social.
• La prohibición de que los curas hagan política y más si a esta se la puede intitular como “partidista”, es cuestionada como algunas, cómo, de una u otra manera, también hacen libre y hasta santamente política otros estamentos eclesiásticos, como el episcopal. El tiempo elegido para proclamar comportamientos concretos, componendas o pactos firmados o convenidos entre la Iglesia y el Estado, concesiones casi sistemáticas a unos y recriminación también sistemáticas a otros –siempre o casi siempre ambos coincidentes- dan la sensación de que la vara de medir empleada es, en cada caso distinta.
• Se quiera o no se quiera, de múltiples formas, con escándalo o sin el la Iglesia -curas y seglares- en todos sus niveles, es y hace política, conclusión a la que es fácil llegar sólo con tomar conciencia y averiguar lo que en realidad es la política. La obsesión por enclaustrar aun más en l sacristía en los curas en los tiempos electorales no parece coherente con el mensaje de Cristo y con la misión de los “ministros del Señor”. Está incluye soberanamente la proclamación y ejemplo a seguir a favor de los valores que salvan, igualan y hacen libres a los seres humanos, que los educa y forma en la tolerancia, en el dialogo y en la aceptación de unos y otros hasta alcanzar y vivir el convencimiento de que todos somos hermanos e hijos de un mismo padre.
• En tal panorama, que cada cual, con responsabilidad y compromiso personal, elija después la opción política que crea adecuada, con la seguridad de haberlo hecho lo más conscientemente posible, que en definitiva es lo que importa, y no a instancias de “directores espirituales”, cívico, patronales o sindicales, políticos y partidistas.
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