Durante mucho tiempo la Iglesia brasileña se dedicó a hacer estupideces. Alentadas y pilotadas por muchos obispos. Arns, Padim, Lorscheider, Casaldáliga..., secundados por Boff, el otro Boff, fray Betto y muchos más.
El progresismo necio de Occidente llegó a pensar que allí estaba naciendo la Iglesia del futuro. Pues ya se ve el resultado: la fuga masiva y silenciosa de los católicos a las sectas protestantes.
El obispo secretario de la Conferencia Episcopal brasileña acaba de denunciar el hecho que considera grave. Pero como siempre ocurre en la Iglesia, ¿de los responsables qué?
Porque tienen nombre y apellido los causantes de este desastre. Y no eran ninguna primavera de la Iglesia. Eran, y son los que quedan, un invierno helador.