He hablado, a primeras horas, de la pérdida de los derechos electorales del cardenal Martini. Acontecimiento notable en la Iglesia por todo lo que el jesuita representó o se quiso que representara.
Pues, unas horas después nos enteramos del terremoto producido en el Pontificio Consejo para los Textos Legislativos. El cardenal Herranz, español y del Opus Dei, ha sido cesado, cuando todavía no había cumplido los setenta y siete años, nombrándose en su sustitución a un obispo italiano, de pintoresco nombre, Coccopalmerio, y que no es un jovenzuelo pues, el próximo 6 de marzo, cumple sesenta y nueve años. Canonista acreditado, consigue un más que notable ascenso al pasar de obispo auxiliar de Milán a un cargo que le asegura el capelo cardenalicio.
También procedió el Papa a nombrar vicepresidente de ese Pontificio Consejo a otro obispo
in partibus italiano, monseñor Bertagna, a quien se promueve a arzobispo.
Por último, se nombra secretario de ese Pontificio Consejo al español Juan Ignacio Arrieta, del Opus Dei, mucho más joven pues el 10 de abril cumple cincuenta y seis años.
El peso español en la Curia ha caído muy notablemente con la jubilación del cardenal Herranz. Y más todavía si tenemos en cuenta que el próximo 31 de marzo pierde sus derechos electorales el cardenal Martínez Somalo. Y el del Opus Dei, también. Lo de Arrieta es una mínima compensación que no cubre, ni con mucho, para España y para el Opus, la influencia perdida.
Pero la noticia tiene también aspectos muy positivos. Ni el cardenal Rouco ni el cardenal Cañizares se van de ésta a Roma. De lo que me alegro muchísimo.