Una de cal y otra de arena, o la cabra siempre tira al monte

Y de eso Díaz Bardales hablaba con conocimiento propio. Yo me pregunté si estaría de vuelta de aquellas preocupaciones, llamémoslas "sociales", que apenas llevaron a otra cosa que a una deserción en masa de clérigos y laicos que abandonaron la Iglesia.
Por el nuevo artículo de ese sacerdote vemos que sigue anclado en lo "social". Que sigue con las mismas anteojeras de siempre.
Comenta unas disposiciones de la archidiócesis compostelana por las que no deben ser admitidos como padrinos los pecadores notorios, los que con su vida dan escándalo público y los que ni siquiera son católicos ni creen en Dios.
Me parecen correctísimas esas disposiciones. Pero el cura "social" ya viene con la rebaja. Como los pecadores notorios suelen identificarse con los que viven amancebados, divorciados y vueltos a casar o no pisan nunca la iglesia saca a colación a los que pecan contra la justicia. Porque explotan, pagan mal, no aseguran... Que para un cura "social" son sin duda los mayores pecados.
Pues esos son pecados escasísimos. En la mayoría de las parroquias españolas y me refiero a todas las de pueblos de menos de veinticinco mil habitantes todo el mundo, o muchísima gente, conoce a quienes conviven sin haberse casado, a quienes se han vuelto a casar por lo civil, no pisan la Iglesia, son blasfemos públicos... Y en la mayor parte de esos pueblos no existe el gran empresario opresor del obrero. Sobre todo porque no existe el empresario y en los casos en que los hay la legislación y los sindicatos le impiden esas prácticas.
El que tiene tierras paga la cosechadora al precio que esta le pide o se queda con la cosecha por recoger, el que tiene una gasolinera paga a sus empleados lo que marca el convenio y lo mismo el dueño de un taller mecánico.
Ya en las grandes ciudades es imposible saber quien es un pecador notorio salvo que sea un personaje de la prensa del corazón. Y si el director general o el presidente de una gran empresa es presentado por los padres como padrino de un bautismo el párroco no es que no tenga ni idea de si es un empresario justo es que ni sabe que es un empresario.
Queda muy bonito decir que los pecados verdaderamente excluyentes son el declarar la guerra de Irak, llevarse una empresa de Puerto Real o de Pamplona a Polonia o no suministrar gratuitamente la medicación contra el SIDA a los africanos. Lo demás son defectillos propios de la naturaleza humana que se perdonan en cualquier absolución colectiva.
Pues esos "defectillos" son los que se dan en los padrinos. En muchísimos padrinos. Los otros, los verdaderos pecados para los curas "sociales", se presentarán en uno de cada cien mil casos. Pero, bueno, acostumbrados a esa murga hasta se la han llegado a creer.