Otro imbécil en el Blog

He expuesto mi opinión sobre Marciano Vidal. Y lo hace este anciano de sesenta y siete años sobre el joven redentorista de setenta y seis. Sin duda el mañana de nuestra Iglesia.

Algunos le han defendido. Ahí están sus defensas. Muy flojitas. Lo de que Roma no ha censurado todas sus tesis morales es de libro. Satanás tampoco es. Claro que algo aceptable tendrá. Supongo que no recomendará apedrear a las viejecitas por la calle o atropellar peatones.

Es un moralista anclado en el pasado contestatario, pasado él también de años, engreído, sin humildad para reconocer sus errores y que, por todo ello, encanta a quienes quieren otra Iglesia. Distinta de la católica.

Respecto al obispo diocesano no me cabe duda de que tiene algún cura paniaguado que está encantado con él. La diócesis no lo está. Me consta sobradamente. Sobre todo por sus características personales. Porque ciertamente no es un obispo contestatario, enfrentado a Roma. A nada que se esforzara seguro que sería mucho más querido. Pero da la impresión de que no sabe. Y quien más lo sufrirá será él.

Claro que es dura la tarea del obispo. Exige muchas horas de trabajo y de oración. Y estar enterado de todo lo que ocurre en su diócesis. De todo. Para atender a todo. Eso es un obispo. Y en Astorga no debía hablar un religioso cuyas tesis morales, unas cuantas de ellas, la Iglesia no comparte. No debía hablar en ámbitos eclesiales. En otros lugares no tengo nada que objetar. Si la Ponferradina, el Casino de la ciudad, el Ayuntamiento, la Casa del Pueblo o la Logia masónica le invitan pues allá ellos. Y Don Marciano.

Sobre las monjas. Tenemos unas cuantas impresentables. Algunas de ellas ya casadas o arrejuntadas con curas. Otras son simplemente vírgenes necias. Y la gran mayoría son santas mujeres entregadas a Dios y a la Iglesia, más inteligentes unas y más torpillas otras. Un inmenso tesoro de la Iglesia.

Y con cimas inmarcesibles de la misma. En el amor y en la inteligencia. Llenaría páginas y páginas sólo con poner nombres de mujeres admirables, de monjas admirables, de santas admirables. Teresa, Teresa del Niño Jesús, Teresa Benedicta, Teresa de Calcuta, Catalina, Clara, Escolástica, Sor Ángela de la Cruz, Jornet, Vedruna, Rafols, Magdalena Sofía, Maravillas de Jesús, Margarita María... Sería interminable la lista. A mí nadie va a hacerme enemigo de las monjas. Ni de las grandes ni de las pequeñas. Unas me asombran y me hacen dar gracias a Dios por todo lo que fueron. Y otras me asombran lo mismo, y doy las mismas gracias, por lo que no fueron. Siéndolo tanto.

Millones de monjas desconocidas que todos los días alababan a Dios desde sus claustros y alcanzaban su misericordia sobre nosotros. Millones de monjas que cuidaban enfermos, mantenían viejos, sacaban adelante niños y los educaban. ¡Cuántas murieron contagiadas! La inmensa mayoría murieron agotadas. Agotadas de entrega y agotadas de amor. A Él y a nosotros.

Lo lleváis crudo si pretendéis presentarme como un enemigo de las monjas. Las venero. Pero si aparece una idiota la señalo. Y las hay.

A las madres Concepcionistas de Ponferrada les pido perdón. El obispo callaba, los redentoristas les pidieron el salón y ellas lo cedieron. Seguro que fueron las más inocentes de todo ese tinglado.

Y al título del artículo. Otro imbécil. Firma como Genadio de Ponferrada, presbítero, como Leonardo González Quiñones y como Avelino Tesón Almarza. Algo así como si la capital del Bierzo, tan mía, se hubiera alzado en protesta unánime contra mi artículo. Mi abuelo materno, una cuarta parte de mi sangre, es berciana. De Los Barrios de Salas. Al lado de Ponferrada. Un abuelo también asesinado en 1936.

Pues todos esos nicks responden a la misma persona. Su plebiscito no cuela. Es un pobre idiota que se cree alguien con infantilismos de ese tipo. Lo dicho: un imbécil.
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