O le han engañado o ya chochea. Que los de la Juan XXIII eran amigos de monseñor martillo y hoz, que ya se las trae, no es novedad. Y se entiende que se solidarice con ellos y les apoye. Pero que piense que esa es la esperanza de la Iglesia indica que los años o la enfermedad le han perturbado.
Puedo entender que en un momento de su vida haya podido pensar, con buena fe aunque equivocada, que el mañana de la Iglesia estaba en sus posiciones y en las de sus amigos. Pero hoy, cuando podrían reunirse todos en un geriátrico y de no grandes dimensiones, suena a broma penosa que alguien nos diga que eso es el futuro.
Sin duda se ha creído lo de que mil quinientos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos se reunían en Madrid y compartían sus ideas. Nadie le advirtió que eran como cien jubilatas.
Pobre monseñor. Se le ha hundido el marxismo de sus amores. Su amigo Fidel está ya fuera de combate. Lula le ha salido rana. Y los de la Juan XXIII ya no son nadie. ¡Qué pena acabar así!