El camino del discípulo

Ser un verdadero discípulo de Jesús exige de nosotros mucha atención. Hemos de aprender a amar, a pensar en los otros, a entregar nuestro tiempo, nuestra estima… hemos de estar convencidos de que existen dificultades y de que se nos exigirá. Entre la exigencia está la fidelidad por nuestra parte, la sinceridad, la transparencia y por supuesto que nuestra mirada sea siempre desde la oración y el agradecimiento. Pienso que para ser discípulos hemos de aprender a ser prójimos en primer lugar, es decir, hacer nuestra la misericordia de Dios, encarnándola en la vida y practicándola con todos lo que están cerca y nos necesitan. Ser prójimo no es teoría, es acción, requiere por nuestra parte implicación y “dolor o gozo”, no importa el qué, lo más relevante es si somos capaces de amar con quien ama y llorar con quien llora. El mandamiento, como dice el Deuteronomio, “está muy cerca de ti: En tu corazón y en tu boca”. Sólo si lo mantenemos así de próximo podremos llenarnos de su misericordia y convertirnos en sus seguidores. Lo cierto es que únicamente cuando sentimos que las cosas son parte de nosotros es cuando luchamos sin desfallecer, pero para sentir eso es necesario amar, y para amar es necesario conocer e interesarse.
Que podamos descubrir en los otros la mirada misericordiosa de Dios y que los otros descubran en nuestra vida la alegría del sentirnos amados. Seamos dignos discípulos de Jesús y andemos el camino que Dios tiene preparado para nosotros. Texto: Hna. Conchi García.