Pan y vino 4. EL VINO FLUYE ROJO

Cerramos hoy el miniciclo poético sobre el Pan y el Vino con la imagen de Jesús en la Última Cena sosteniendo la Copa del Vino: "Ésta es mi Sangre". Sobre su pecho reclina Juan la cabeza ("Este es su Corazón").En estos días de vendimia se cosecha la uva de sarmientos fecundos. Y allí se quedarán vivos todo el invierno, acechando el estallido otoñal de una nueva añada. La otra estampa de la portadilla nos dibuja el grupo de creyentes en torno a Jesús. Y el Pan y el Vino sobre la mesa, su Cuerpo entregado, su Sangre derramada.
Nos asomamos hoy a cuatro interesantes sonetos que nos hablan de vino, el caldo de la intimidad, del fuego, de la alegría...

ROBANDO UVAS EN SEPTIEMBRE

Me parece valiente y provocador que Luis López Anglada confiese aquella vez que se apoderó de lo ajeno. El cuerpo del delito: un racimo de uvas para su chica. Con gracia y perfección describe su aventura. Y me recuerda la divertida confesión de Miguel Hernández cuando se acusa en "El rayo que no cesa":
"Estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla..."
Aquí el poeta, también por amor, fuerza los límites de su conciencia... Y acaso de la conciencia de la novia. Pero leamos ya, reposadamente, los catorce versos:
DE CÓMO ROBÓ EL POETA UN RACIMO EN UN VIÑEDO
Cuando en algún momento del viaje
viste un viñedo donde el sol cantaba
me pediste un racimo. Todo estaba
coronando a Septiembre en el paisaje.
Corté un racimo para ti y lo traje
tan maduro a tus labios que estallaba
como si el dulce zumo que sangraba
a tus labios rindiera un homenaje.
Nunca a más suavidad llevó el destino
lo que en las uvas iba para vino
y encontró en tu garganta su condena.
Y nunca ya mí corazón amante
volvió a encontrar, como en aquel instante,
tan bello el hurto de la viña ajena...

TU BOCA DESTILA VINO TINTO

"Tus amores son mejores que el vino", se lee en el erótico poema, místico poema del Cantar de los Cantares (4,9). En 7,10 descubrimos:
"Ay, tu boca es un vino generoso
que fluye suavemente hacia mi amor
y me moja los labios y los dientes."
La autora del presente soneto, Laura Victoria, sensual y mística como la mano femenina que seguramente redactó el Cantar, describe con notable belleza la armonía de los labios, de la boca del amado. A destacar la longeva existencia de la colombiana Laura (1904-2004). Un siglo de pasión y espiritualidad.
TU BOCA
Pulpa de fruta que destila un vino
tinto de sombra en el lagar rosado,
dátil maduro, mora del camino,
granado en flor bajo el azul tostado.
Dientes más blancos que la flor de espino
y más menudos que el arroz cuajado.
Nievan en la sonrisa como el lino,
y son puñales de marfil tallado.
Boca, en sazón, perfecta, deleitosa,
que tiene a veces languidez de rosa
y ansia insaciable de recién nacido.
Ya que fuiste la copa de mi canto,
sella hoy mi beso desteñido en llanto
y ayúdame a partir hacia el olvido.

EL VINO ES NEGRO

NOCHE
El vino es negro. Un túnel en la frente
y otro en el corazón, para el viaje
de la infeliz locura y su equipaje:
maleta de delirios solamente.
¡Cuánta estación absurda! Gente y gente.
Descompuesta Babel de igual lenguaje.
Y una soledad triste bajo el traje,
conforme rueda el tren, penosamente.
Y el vino viene y va. Se nos apagan
los astros más pacíficos. Nos tragan
las sombras del misterio desmedido.
Por los andenes de las albas crudas
se ven sufrir nuestras miradas mudas.
Luego nos lame Dios... y nos da olvido.


EXALTA LA ALEGRÍA O MITIGA EL ESPANTO
Jorge Luis Borges, con cultural acento, escancia palabras elogiosas hacia el vino, que "fluye rojo"en el río del tiempo. Feliz aquel que, entre sorbos de olvido, va borrando un pasado infeliz y alumbrando caminos nuevos...

SONETO DEL VINO
¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
y singular idea de inventar la alegría?
Con otoños de oro la inventaron. El vino
fluye rojo a lo largo de las generaciones
como el río del tiempo y en el arduo camino
nos prodiga su música, su fuego y sus leones.
En la noche del júbilo o en la jornada adversa
exalta la alegría o mitiga el espanto
y el ditirambo nuevo que este día le canto
otrora lo cantaron el árabe y el persa.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.
