Cantos "religiosos ayunos de arte y de teología" Antonio Aradillas: “¡Corazón Santo, Tú reinarás…!”

Sagrado Corazón de Jesús
Sagrado Corazón de Jesús

En vísperas de la festividad litúrgica dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, no estarán de más algunas de estas sugerencias

A la festividad del Sagrado Corazón de Jesús, tal y como se nos sigue presentando y manteniendo, le falta más teología, sobrándole buenas dosis de alegorías, leyendas, promesas y revelaciones “místicas” o de las otras

Y también el himno de la devoción popular está más que sobrado de adjetivos rituales y ceremoniosos, con ausencia de ideas relativas al prójimo, y de nombres substantivos

¡Buena oportunidad la que nos brinda esta fiesta litúrgica en el primer año del “coronavirus”, profundizando en su innegable capacidad sanadora de “sede de la inteligencia , de la voluntad y de los sentimientos”!

Desde los tiempos antiguos de los faraones egipcios, para su cultura, el corazón fue “sede de la inteligencia, de la voluntad y de los sentimientos”... En la Biblia –Sagrada Escritura- “corazón” y “persona” se escribieron con similares signos y símbolos. Mientras que los seres humanos miramos y vemos con los ojos, Dios lo hace con el corazón”, es expresión neotestamentaria, aún después de que la civilización azteca considerara y venerara el corazón como “asiento de la vida y del alma”. En los labios de los humanos –besos y versos- se romantizó el corazón tal vez en demasía e inverosímilmente, por lo que las cardiopatías le robaron veracidad y hasta notorias porciones de amor verdadero.

En cristiano, el corazón es el “Corazón”, que no solo se corresponde con el “órgano muscular encargado de recoger la sangre e impulsarla al resto del cuerpo”, sino a términos tales como “franqueza, verdad, seguridad, afecto, generosidad y benevolencia, identificadores y encarnados en Jesús, “todo Corazón”, o “el Corazón” por antonomasia.

En vísperas de la festividad litúrgica dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, no estarán de más algunas de estas sugerencias:

Los místicos de la Edad Media, sobre todo, alemanes, cultivaron de lleno esta devoción, que en el siglo XV alcanzó gran difusión en el pueblo. Pero fue en el siglo XVII cuando se reconoció oficialmente en la sagrada liturgia. En ello intervino muy directamente santa Margarita María Alacoque, nacida el 25 de julio de 1647 en la Borgoña francesa, y cuya “vida y milagros” se pierde encielada entre las pliegues de la “leyenda áurea”, con datos tales como el de que “a los cuatro años de edad, con plena conciencia y capacidad de asumir los correspondientes compromisos”, efectuó el voto de consagrar a perpetuidad su castidad a Dios. Muerto su padre, -“notario de gran prestigio en la región”, como refieren las crónicas--, ingresó la hija en un monasterio de clausura, y “el día 27 de diciembre de 1673 se le apareció Jesús, después de haberlo hecho repetidamente la Santísima Virgen María”.

Santa Margarita de Alacoque
Santa Margarita de Alacoque

La monja dejó constancia literal del primer encuentro-revelación con estas misteriosas, inesperadas y hasta atrevidas palabras:

“Mira este corazón mío que, a pesar de consumirse en amor abrasador por los hombres, no recibe de los cristianos otra cosa que sacrilegio, desprecio, indiferencia e ingratitud aún en el mismo Sacramento de mi amor. Pero lo que traspasa mi corazón más desgarradoramente, es que estos insultos los recibe de personas oficialmente consagradas a mi servicio…” (No me explico cómo algunos vigilantes y ortodoxos administradores de los “Nihil Obstar” episcopales no le hubieran impedido, aún con las debidas indulgencias, la publicación de esta santa y “divina” queja)

En apariciones posteriores, y siguiendo con puntualidad las narraciones de la santa, cuya festividad celebra la Iglesia el 16 de octubre, le dictó las “doce promesas, que se compromete a cumplir Jesús a favor de los devotos de su imagen y advocación del Sagrado Corazón”. De entre las mismas, es imprescindible citar “mi presencia a la hora de la muerte, el premio del cielo, la protección para todas sus empresas, grabar en mi corazón el nombre de mis seguidores” y, para quienes “comulguen los primeros viernes de nueve meses seguidos, sin interrupción, mi corazón será su refugio en el ultimo momento”.

Por mi parte, y aquí y ahora, tan solo me limito a sugerir que, a la festividad del Sagrado Corazón de Jesús, tal y como se nos sigue presentando y manteniendo, le falta más teología, sobrándole buenas dosis de alegorías, leyendas, promesas y revelaciones “místicas” o de las otras.

celebración Sagrado Corazón de Jesús

Y también el himno de la devoción popular está más que sobrado de adjetivos rituales y ceremoniosos, con ausencia de ideas relativas al prójimo, y de nombres substantivos: “¡Corazón santo, Tú reinarás/, Tú, nuestro encanto, siempre serás/. Jesús amante, Jesús piadoso/, dueño amoroso, Dios de piedad/, Vengo a tus plantas , si Tú me dejas/, humildes quejas a presentar…”

Hay que reconocer con humildad que los autores de la letra, al igual que los de las imágenes- estampas melífluas y dulzonas, no estuvieron suficientemente inspirados cuando decidieron la redacción, predicación y evangelización tan sagrada, con la intención de desvelar y festejar algunos de los infinitos latidos de la devoción todavía tan del aprecio de parte del pueblo de Dios…

¡Buena oportunidad la que nos brinda la fiesta litúrgica del Sagrado Corazón de Jesús en el primer año del “coronavirus”, profundizando en su innegable capacidad sanadora de “sede de la inteligencia , de la voluntad y de los sentimientos”! Con lo del “reinado” y lo del “encanto”, apenas si pueden dar más de sí las estrofas, aún cuando sean tan piadosas y crédulas las intenciones.

Hoy no es lícito ni piadoso cantar así, y mucho menos en las iglesias. Multitud de cantos “religiosos se hallan ayunos de arte y de teología, con absoluto abandono, o embarullamiento, de corcheas, de semicorcheas, de fusas y de semifusas…

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