Mientras en el Vaticano se trabaja para redimensionar la relevancia del Banco Vaticano, la Iglesia anglicana parece decidida a tener su propio banco, y a transformarlo en una empresa éticamente responsable. Al menos, la Iglesia de Inglaterra, a través de su "Church Commisioners" está barajando la posibilidad de invertir en la compra de las oficinas del Royal Bank of Scotland.
El organismo financiero, que gestiona una cartera de 5.500 millones de libras (6.425 millones de euros), destinados a respaldar la obra de la institución religiosa, administrar sus gastos y pagar las pensiones de los clérigos, está estudiando junto a dos firmas de capital riesgo -Corsair Capital y Centerbridge-, y Standard Life y Rothschild, la viabilidad de una hipotética compra.
Los Comisarios de la Iglesia han sido muy activos en cuestionar las prácticas de la banca durante la crisis, señalando públicamente, por ejemplo, que Barclays, entidad en la que también invierte, "ha decepcionado repetidamente a la sociedad" y pidiendo moderación en los sueldos de los ejecutivos.
El consorcio ha manifestado su intención de crear un banco para la comunidad, concebido desde la ética, para satisfacer las necesidades locales.