Antropología biologista

ANTONIO CRUZ

Las teorías evolucionistas surgidas durante el siglo XIX influyeron de manera decisiva sobre la concepción que hasta entonces se tenía del ser humano. Si el hombre era sólo “un primate con suerte”, como afirmaban algunos científicos, ¿dónde quedaba la antigua doctrina del dualismo antropológico? Al equiparar el ser humano con el animal se echaba por tierra cualquier creencia en la dimensión espiritual. Cuando tales argumentos se amontonaron sobre el fundamento antihumanista que, como se ha visto, proporcionaba el estructuralismo, apareció con fuerza el edificio de los reduccionismos biologistas.

El hombre quedaba reducido a un animal que había tenido éxito en la lucha por la existencia. Su inteligencia, así como su capacidad para el raciocinio, la abstracción o la palabra hablada, no eran más que el producto de la acumulación neuronal en el órgano del cerebro. Las únicas diferencias con el resto de los animales serían solamente cuantitativas pero no cualitativas.

Durante la década de los setenta aparecieron tres obras emblemáticas, de otros tantos científicos de la naturaleza, que se basaron precisamente en estos planteamientos reduccionistas. El azar y la necesidad del bioquímico francés, J. Monod, que fue premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1965; El paradigma perdido, el paraíso olvidado del antropólogo, también francés, E. Morin y Sociobiología del etólogo norteamericano E. O. Wilson.

Veamos en síntesis lo que proponen cada uno de estos autores.

Puede leer aquí el artículo completo de este biólogo, escritor y pastor evangélico, titulado Antropología biologista
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