Calcetines rotos

WENCESLAO CALVO
La imagen ha dado la vuelta al mundo y ha sido noticia de portada, aunque en esta ocasión no se ha tratado de ninguna de las de alcance mundial a las que estamos acostumbrados: terrorismo, catástrofes, guerras y tragedias. Ni siquiera de las que entrarían de lleno en la categoría de extravagantes, ideadas por los que buscan notoriedad a toda costa a fin de alcanzar los quince minutos de gloria de los que hablara Warhol o para entrar en el Guinness de los récords. De no ser por el importante cargo que ejerce la persona en cuestión, su acción hubiera pasado desapercibida, porque un número indeterminado, pero alto, de seres humanos, cada vez que se quitan los zapatos, lucen un par de incipientes e incluso generosos ‘tomates’ en los dedos gordos de los pies, cuando no en el talón de los mismos. Son los pequeños desaliños personales, desconocidos para todos menos para el propio sujeto. Pero que toda una personalidad pública como el presidente del Banco Mundial, sea involuntariamente cazado en tan incómoda situación y expuesto al dominio público, era cosa impensable hasta que Paul Wolfowitz, en su visita a una mezquita en la ciudad turca de Edirne, tuvo que descalzarse, y allí, para regocijo de los cámaras y fotógrafos que le acompañaban, lució un par de hermosos ‘tomates’ en sus calcetines, justo a la altura de los dedos gordos de los pies.


(SIGUE... )
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