JUAN JOSÉ CORTÉS
El hombre tiende ha realizar comparaciones muy a menudo, sin pararse a pensar en los perjuicios que eso pueda llevar. Es una lucha de competencias, una carrera de obstáculos, donde la gente mira primero la marca y luego la calidad.
Realizan comparaciones odiosas, enfermizas, y a veces discriminatorias. Comparar a las personas y a las cosas se ha puesto de moda. Quíén es mejor, quién ostenta más, quién tiene más poder.
Pero yo pregunto: TODO ESTO ¿PARA QUÉ? Si nuestra carrera esta destinada a perecer como perece la hierba de un prado, que en su verdor demuestra a la madre naturaleza que está llena de vida, pero ignora que la próxima estación será su última parada. Si por mucho que un hombre quiera añadir a su estatura un palmo, no conseguirá superar lo que genéticamente ya le fue otorgado. Si en ese camino hacia la nada te dejas a tus amigos, tus hijos, tus familiares… porque una cosa si es cierta: EL TIEMPO PASA Y YA NO VUELVE ATRÁS.
Puede leer aquí el artículo completo de este pastor evangélico de la Iglesia de Filadelfia de fe protestante titulado ¿A qué te compararé?