La televisión, a menudo, nos plantea los límites del cerebro humano. Más en concreto, nos enfrenta a los límites de la inteligencia, los del morbo (recordemos lo que ese libro llamado diccionario nos recuerda qué significa: interés malsano por personas o cosas o atracción hacia acontecimientos desagradables). Pero, por un momento, imaginemos que alguien apuesta por una televisión, precisamente, inteligente.
De entrada, puede sonar una propuesta pedante y que no interesaría a nadie. O puede parecer puro esnobismo y no querer ver cuál es la realidad de la televisión: el espectáculo y las audiencias. No pongo en duda esas dos premisas. No haré apología contra la televisión (sí contra un tipo de televisión). Ni renunciaré a ver, o intentar ver, series (Bones, Walker o Matrimonio con hijos, por poner tres ejemplos muy distintos) o algunos programas (Sé lo que hicisteis y Buenafuente en la Sexta, o Sputnik y Ánima en el Canal 33, y Muchachada Nuí en La 2, por poner algunos, tampoco hay muchos más, ejemplos).
Imaginemos un programa de televisión que, de forma sorprendente, nos haga pensar y reflexionar más allá de si el anuncio de separación de Belén Esteban es un montaje o no. Imaginemos a alguien que decidiera aunar ciencia y entretenimiento y entrevistar, por ejemplo, a Oliver Sacks (gran neuropsiquiatra y mejor escritor. De hecho, uno de mis escritores de cabecera); o al filósofo y escritor Sam Harris para debatir sobre fe y ateísmo; o al director de cine David Cronenberg para hablar sobre la esquizofrenia (a partir de la película Spider); o a Roger Schank, una de las voces más críticas sobre el sistema educativo actual.
Imaginemos, pero suena a utópico, a Atlántida imposible de encontrar en el fondo marino. Pues no. Al más puro estilo de la pequeña villa de galos que se enfrentó al imperio romano de la mano (y los puños) de Astérix y Obélix, resulta que desde hace 13 años existe un astérix barcelonés que desde La 2 de TVE conduce su particular villa gala: Redes. Efectivamente, hablo de Eduard Punset, un personaje difícil de etiquetar, ya que ha sido (o es, depende de la etiqueta) político, escritor, economista, periodista y, por encima de todo, gran DIVULGADOR.