Miguel Castillejo: «Lo que más duele es la envidia»

Su impronta no ha cedido al tiempo. Él es consciente de ello, y persevera en defenderla. Desde su fundación, un palacete al estilo neoclásico cedido hace cinco años por el empresario Rafael Gómez Sánchez, intenta aquilatar su legado (60.000 libros) y sus discursos, escritos y correspondencia privada para abrirlo al público. Puede que sus recuerdos y las venturas y desventuras de 30 años en Cajasur no estén ahí al completo. Son como tres décadas de piezas para el puzle de Córdoba y Andalucía. Sabedor del eco de sus palabras, Miguel Castillejo ruega no hablar de una entidad en una encrucijada que, en cierta manera, ya vivió hace una década.Lo entrevista Francisco J. Poyato en Abc.

- ¿Quién es hoy Miguel Castillejo?

- Con una respuesta patrísta, le diría que, primero soy humano, después cristiano y también sacerdote. Ser sacerdote es una gracia del Señor, y por consiguiente ayer, hoy y mañana he procurado que mi sacerdocio ilumine toda mi existencia, y los años que me queden de vida los dedicaré gustosos al servicio del ministerio que recibí hace 56 años en su doble vertiente de amor a Dios y entrega a mis semejantes, «in eternum».

- ¿Cuáles son las sensaciones que tiene a día de hoy, tras cuatro años fuera de la entidad que dirigió durante tres décadas?

- De una enorme alegría y profunda satisfacción. En la situación de jubilación debe prevalecer su propia etimología de «jubilum». Feliz y contento tras haber culminado mi obra en Cajasur, después de tantos años de trabajo incansable, de días de sufrimiento intentando resolver problemas, muchas veces de difícil solución, cuando no insolubles, con inagotables jornadas de mañana, tarde y noche, sin conocer en ocasiones ni los descansos de fin de semana y siempre con el peso de la responsabilidad. El resumen es de gozo y satisfacción después de una labor que considero bien hecha.

- ¿Cree que el tiempo le va a poner en su sitio?

- Es una pregunta ambivalente, porque supone decir que aún no me han puesto en mi sitio, y yo en gran medida, me encuentro verdaderamente satisfecho y no aspiro a nada más. Aunque la historia es la historia y el tiempo es el tiempo..., el cronos, el almanaque y el indefectible juez que todo lo valora. No me tendría que remitir al cronos, al tiempo, para seguir sintiendo esta alegría y satisfacción.

- ¿Cuántos amigos efímeros da el poder?

- Si la persona es suficientemente inteligente, puede llegar a rodearse de amigos que no considere efímeros. La palabra amigo es demasiado selecta y selectiva. No se puede confundir el término amigo con ese cúmulo de personas de buenas relaciones que la mayoría de las veces buscan una justa reciprocidad en el trato, la sana expansión y la amable convivencia. Otras veces ha habido personas que han podido venir sólo por pura adulación. Muy torpe ha de ser quien está en el poder para no confundir y humillar a nadie. En mi vida he tenido un sexto sentido que me ha hecho ver quienes son mis verdaderos amigos. Se equivoca quien no tiene en cuenta que los amigos verdaderos son pocos. Terencio decía que cuando estás en la prosperidad los amigos te buscan a ti y cuando estás en la adversidad, tú los buscas. Con todo, nunca son tantos como aparentan.

- ¿Cuántas personas, tras su salida de la presidencia de Cajasur, han seguido manteniendo el contacto con usted y ofreciendo su colaboración?

- Esto sucede en todos los órdenes de la vida. Cuando se trata de personas que integran una sociedad, en general, hemos de reconocer que al limitar una actividad, decrece también la posibilidad de mantener el mismo contacto social que, en unos casos llega a ser más amplio que en otros. En ciertos sectores sociales sigo manteniendo similares relaciones de amistad y colaboración. Hay otro numeroso sector de la sociedad en el que soy muy popular y conocido y creo que, en general, bastante estimado, salvo las lógicas excepciones. Una encuesta de 2002 realizada por Demoscopia reflejaba que en Córdoba me conocía el 92% de los cordobeses y mostraba que tenían hacia mí un sentimiento elevado de admiración y estima.

- ¿Las iglesias se llenaban con usted porque era un sacerdote con puesto importante?

- Le voy a dar un testimonio que puede ser fiel reflejo de lo que pretende con esta pregunta. Hace dos domingos fueron a la iglesia de la Merced a imponerme un distintivo la Adoración Nocturna Diocesana tras más de 300 vigilias nocturnas. Cuando estaba de presidente tomé la decisión de desvincularme de muchas actividades sacerdotales porque empecé a notar que buscaban más al presidente de la Caja que al cura.

- ¿Entiende que la opinión pública discrepe de que los sacerdotes lideren una caja?

- Entiendo que por prejuicios, a veces interesados, hay personas que se formen esta opinión, si bien la considero totalmente injusta. Porque el sacerdote es también un ser humano y sólo tiene por su ministerio las limitaciones que le impone el Derecho Canónico pero goza en plenitud de todos los derechos civiles, sin discriminación religiosa. Si se tratara de dirigir un banco, la figura de un ministro de la iglesia ciertamente sería impropia y fuera de lugar, además de estar expresamente prohibida por el Derecho Canónico. Pero no podemos olvidar que las cajas de ahorro son entidades benéficas, muchas de ellas nacidas de la Iglesia para ayudar a las clases mas desfavorecidas. Por lo tanto, participar o dirigir una fundación benéfica, como es una caja de ahorros -y nadie ha podido demostrar lo contrario-, donde todo es social y de interés público, está ligado al mandato nuevo de Jesucristo del Amor Fraterno. Es más, pienso que la especial condición consagrada del sacerdote, que le obliga a una especial entrega a la Iglesia y a la sociedad, es una nueva garantía. El Concilio Vaticano deja muy claro que el cristiano puede y debe participar en los asuntos terrenales para gloria de Dios y sus semejantes. En determinadas ocasiones, como acontece en el Cabildo de Córdoba, se recomienda el trabajo de promoción temporal a los mismos sacerdotes.

- ¿Su mayor logro?

- Sin duda haber podido consumar lo que a juicio de muchos expertos se ha dicho: haber sido el forjador de la moderna Cajasur. Como consecuencia de ello, ha sido posible realizar posteriormente todo un cúmulo de obras sociales, todas ellas muy queridas para mí, que hubieran sido imposible sin un sistema financiero autóctono cordobés. Después de mis 28 años de presidente, la Caja pasó de tener un montante de balance de 174 millones de euros en 1977 a conseguir en el año 2004 un total de 11.973 millones, y ello sin contar el volumen, también millonario, que aportaba el holding del grupo. Todo este incremento de negocio y beneficios posibilitaron realidades como el Parque Joyero, su pabellón socio-cultural, la conservación del Palacio de Viana; la puesta en valor del Palacio Episcopal, la restauración de las iglesias fernandinas de Córdoba y una larguísima relación de actividades conseguidas gracias a la Obra Social y Cultural. Ello ha sido posible por mi dilatado mandato y porque se pudo aprovechar la liberalización del sector financiero que se produjo durante los años setenta con Fuentes-Quintana, y que nos dio a todas las cajas la posibilidad de poder crecer. Y de tener que crecer, puesto que aquellas que no lo hicieron, sucumbieron. De 82 cajas de ahorro, sólo quedaron 47. Esta expansión permitió de forma directa que muchas familias tuvieran su sustento a través de Cajasur, al haber aumentado de forma tan espectacular el volumen de negocio y consecuentemente la plantilla. Y de forma indirecta, fueron muchas las familias de empresarios libres, autónomos o empresas auxiliares que alcanzaron una gran prosperidad gracias a Cajasur.

-¿Se arrepiente de alguna gestión a su paso por la Caja?

- Con conciencia clara, no tengo recuerdo de en ningún momento haber realizado ninguna mala gestión. No obstante, como ser humano y limitado en mis posibilidades, como cualquier persona, soy consciente de que es posible que durante estos 28 años de tantas decisiones tomadas, y por muy bien asesorado que haya estado, pudiera haber cometido algunas puntuales incorrecciones, que de ninguna manera habrían sido fruto de mi libre voluntad. Si por alguno de estos posibles errores hubiera podido molestar o dañar a alguna persona, ya he pedido públicamente perdón y vuelvo a hacerlo de todo corazón desde estas páginas.

- ¿Miguel Castillejo era tan poderoso?

- Suele anatematizarse la palabra poder, y el poder, en sí, es como todo lo humano: ambivalente. El poder es bueno, si se usa para el bien y condenable si se usa para el mal. La persona que más poder moral tiene sobre el mundo es el Santo Padre y se le llama «Siervo de los Siervos de Dios» , porque su caridad pastoral lo tiene esclavizado. «Mutantis mutandis» en mi caso, yo más que de poder hablaría de servicio sin límites. Mañana, tarde y noche acometiendo y resolviendo problemas, con muchas colaboraciones, sí, pero también en muchas ocasiones desde la soledad del poder, que es una clase de sufrimiento que sólo la sabe valorar el que lo padece. Por otra parte, siempre he buscado el poder de la razón y de la justicia.

- Su misión humanística y social, ¿cree que ha pasado desapercibida por todo el foco que le ha acompañado en Cajasur?

- La palabra «foco», tal como la utiliza, ha de referirse forzosamente a toda la entidad, considerada globalmente. Yo creo que para los más de un millón de usuarios que conforman Cajasur, desde el cuerpo directivo hasta el último cliente, no ha podido pasar desapercibida mi labor humanitaria y social, y al reflexionar sobre ello con coherencia y rectitud, deben valorarla en su justa medida. Y yo creo sinceramente que el pueblo llano lo ha sabido percibir con total claridad.

- ¿Duele más el olvido, la soledad o la envidia?

- Lo que más duele es la envidia, porque ella es la actitud viciada con la que se pretende promover la soledad y el olvido. Contra la soledad y el olvido, ese olvido injusto y culpable, existen armas para defenderse. Contra la envidia no hay ninguna.

- ¿A qué aspira ahora?

- Como me definía en mi prima pregunta, aspiro a culminar mi misión sacerdotal con la máxima eficacia y los frutos pastorales más abundantes. Los padres jesuitas que me formaron, me enseñaron que ni las vacaciones, ni la jubilación, mientras Dios nos dé posibilidades, son para cruzarse de brazos en un ocio cansino, sino para seguir trabajando, solo que en otras actividades mas llevaderas.

- ¿Vivimos una crisis económica o de valores?

- Considero que estamos actualmente de lleno en ambas crisis; es más, creo que la crisis de valores es la raíz de la crisis económica. Yo ruego a Dios que, más allá de los posicionamientos religiosos o políticos que se tengan, debería existir una concordia y una armonía nacional y autonómica para que una tabla de valores inquebrantables, en común consenso, nunca se perturbaran. Desde mi posición actual como sacerdote, sólo me queda orar, aconsejar y, en muy pequeña medida, colaborar para que estas crisis se superen.

- ¿Cómo ve el futuro de Cajasur?

- Por favor, prefiero no contestar.
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