Rouco: "¿Duro? Asi como pinta de boxeador no tiene uno"

No tiene nada que ver con la imagen de "duro" que de él nos habían vendido. El cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, se mostró, en los desayunos de Europa Press, como siempre ha sido: un obispo templado, hasta tímido en ciertos momentos, sumamente dialogante con el Gobierno, tendiendo puentes sin cesar y muy alejado de los "talibanes", que lo han convertido en su santo y seña. Y que lo quieren acaparar. Un Rouco en su más puro estilo y siempre muy gallego.

La platea llena. Con muchos alzacuellos. Entre los más significativos, el Nuncio de Su Santidad, el obispo auxiliar Fidel Herráez o el de Jaca y Huesca, Jesús Sanz, al que algunos colocan en Alcalá, cerca de Rouco y lejos de la Confer. Y la plana mayor de los fontaneros de Añastro y de la Pasa. Y la Cope casi en pleno, menos César Vidal y Losantos, que actuaba a esa misma hora.

Con presencias políticas de segundo rango: Alvarez del Manzano, Juan José Lucas...y poco más. Y por el lado socialista, sólo el director general de Asuntos religiosos, José María Contreras, y el asesor de la vicepresidente para asuntos religiosos, Carlos García de Andoin.

Rouco comenzó alabando la "laicidad positiva" que acaba de poner de moda Sarkozy con el Papa en París. Y como apoyatura de fondo, el cardenal recurrió al magisterio de Habermas y Ratzinger, en su célebre debate celebrado en Munich en 2004.

Laicidad positiva como "el mejor camino actual" en las relaciones Iglesia-Estado. Relaciones que, a su juicio, "están mejor que en Francia", pero pero que en Alemania.

Rouco tendió la mano en todo momento al Gobierno. Ni siquiera amenazó con salir a la calle por el aborto. Cree que la EpC se puede resolver y asegura que "no hay choque" con el Ejecutivo, sino sólo diferencias dialécticas.

Eso sí cree que el crucifijo es "un signo cultural e histórico" y no le gusta la Ley de la Memoria histórica, por creerla "innecesaria".

Señaló que los obispos tienen la "obligación de llevar la Cope lo mejor que podamos" y no soltó prenda sobre el nuevo secretario de la Conferencia episcopal.

Según sus afines, "una buena faena". Según los menos incondicionales, tan sinsorgo como siempre. A los angelitos, le ha parecido que el cardenal ha estado en su sitio. Templando y mandando. Abriendo una nueva etapa en las relaciones con los socialistas. Y sin dejarse "domesticar" por los talibanes. Lo cual ya no es poco en los tiempos que corren.
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