Rouco: "¿Duro? Asi como pinta de boxeador no tiene uno"

La platea llena. Con muchos alzacuellos. Entre los más significativos, el Nuncio de Su Santidad, el obispo auxiliar Fidel Herráez o el de Jaca y Huesca, Jesús Sanz, al que algunos colocan en Alcalá, cerca de Rouco y lejos de la Confer. Y la plana mayor de los fontaneros de Añastro y de la Pasa. Y la Cope casi en pleno, menos César Vidal y Losantos, que actuaba a esa misma hora.
Con presencias políticas de segundo rango: Alvarez del Manzano, Juan José Lucas...y poco más. Y por el lado socialista, sólo el director general de Asuntos religiosos, José María Contreras, y el asesor de la vicepresidente para asuntos religiosos, Carlos García de Andoin.
Rouco comenzó alabando la "laicidad positiva" que acaba de poner de moda Sarkozy con el Papa en París. Y como apoyatura de fondo, el cardenal recurrió al magisterio de Habermas y Ratzinger, en su célebre debate celebrado en Munich en 2004.
Laicidad positiva como "el mejor camino actual" en las relaciones Iglesia-Estado. Relaciones que, a su juicio, "están mejor que en Francia", pero pero que en Alemania.
Rouco tendió la mano en todo momento al Gobierno. Ni siquiera amenazó con salir a la calle por el aborto. Cree que la EpC se puede resolver y asegura que "no hay choque" con el Ejecutivo, sino sólo diferencias dialécticas.
Eso sí cree que el crucifijo es "un signo cultural e histórico" y no le gusta la Ley de la Memoria histórica, por creerla "innecesaria".
Señaló que los obispos tienen la "obligación de llevar la Cope lo mejor que podamos" y no soltó prenda sobre el nuevo secretario de la Conferencia episcopal.
Según sus afines, "una buena faena". Según los menos incondicionales, tan sinsorgo como siempre. A los angelitos, le ha parecido que el cardenal ha estado en su sitio. Templando y mandando. Abriendo una nueva etapa en las relaciones con los socialistas. Y sin dejarse "domesticar" por los talibanes. Lo cual ya no es poco en los tiempos que corren.