Suerte, Santidad, la va a necesitar

En un país con tan sólo unos cinco millones de católicos (es decir, un 10% de la población), la acogida será protocolaria, educada, pero fría y distante. No será un viaje al calor de multitudes ni con los políticos y los gobernantes (amén del pueblo) rendidos a los pies del Sumo Pontífice. Porque siguen siendo muchos los anglicanos (religión mayoritaria, al menos culturalmente) que recelan del papado de Roma. Y si no lo ven ya como un enemigo, sí lo consideran como un adversario.
Desde hace años, hay una competencia feroz en el mercado religioso de las Islas. En una sociedad cada vez más secularizada, multiétnica y plurireligiosa, el anglicanismo (religión de Estado) pierde cada vez más fieles. La mayoría se va a la indiferencia. Para detener la sangría, los anglicanos tratan de adaptarse a los signos de los tiempos. Aún así, muchos ingleses les siguen dando la espalda y algunos están haciendo el camino de vuelta a Roma. Un camino facilitado recientemente por el Papa Ratzinger, que creó, expresamente para los que regresen, un ordinariato especial. Con todas las facilidades.
El Papa se las tendrá que ver con una sociedad acostumbrada ya a una Iglesia anglicana moderna, abierta, en sintonía con los tiempos y en la que la mujer ya no se siente ni está discriminada. Ya pueden ser sacerdotes y, pronto, obispas. Algo que el Papa de Roma sigue prohibiendo. En el catolicismo, la mitad del cielo no tiene acceso al altar.
Sobre el Papa va a planear también el escándalo de la pederastia, que le salpica sin cesar. Vaya a donde vaya. Y eso que es el papa que más está haciendo por limpiar la Iglesia. Reciente el cercano y dramático caso belga, Benedicto XVI tendrá que verse con las víctimas inglesas (que también las hay) y aguantar los titulares de antes y de después. Su pontificado ya está marcado, para bien y para mal, por la plaga de las "manzanas podridas" del clero pederasta y abusador. Un Papa, chivo expiatorio.
A pesar de las dificultades, en el país de Hawking, el Papa encontrará un púlpito mediático global desde el que lanzar al mundo su mensaje y predicar, una vez más, la necesidad de que Europa no olvide sus raíces cristianas. Lo hará con palabras y con hechos. Especialmente, con la beatificación del cardenal Newman, el intelectual anglicano convertido al catolicismo. Una figura que le encanta al Papa Ratzinger por su capacidad de casar fe y razón, fidelidad a la Iglesia y a la libertad de conciencia.
¿Podrá vencer todos estos obstáculos el hombre de la sotana blanca? ¿El carisma de intelectual y pensador del Papa Ratzinger podrá ganarse a los ingleses y, sobre todo, a sus potentes medios de comunicación? Pronto lo sabremos. ¡Qué Dios lo acompañe, Santidad!
José Manuel Vidal