Confidencias al clero GLORIA A DIOS

¡Cuántas veces le he dicho a Dios que le amo! Y, la verdad, cosa buena es. Pero no basta con tomar complacencia de los bienes de Dios. No basta siquiera con desear la gloria y el amor de Dios en todo el mundo. Es necesario ofrecernos a El cada uno de nosotros. Es preciso esforzarnos en cumplir su voluntad. ¿Cómo puede uno con verdad manifestar su deseo de la gloria de Dios, si no la procura en todos los actos de su vida? Este era nuestro comentario después de los últimos ejercicios espirituales. Lo recuerdas. Pero no hemos de olvidar nuestras decisiones de aquellos días de fervor. Las vamos a fomentar con éstas nuestras confidencias.
Por eso en la oración hemos de formar propósitos y deseos de cumplir la voluntad del Señor.



Dios nos quiere comunicar su vida, su felicidad, su luz, su amor. Cada día me convenzo más de ello. El único problema, creo yo: resulta difícil y molesto disponerse para recibir ese tesoro. De lo contrario, habría colas para comprar libros de espiritualidad, para ir a visitar a Jesús, para confesarse.
El problema es la fe, la dificultad, el apego a las mil cosas
entretenidas de nuestro entorno..
¿Qué pueden suponer las riquezas, los puestos distinguidos, los títulos universitarios y de nobleza en comparación de la intimidad con Dios en su Trinidad? Y sin embargo ¡a qué pocos interesa! Debemos ir proclamando nuestra vivencia de fe y amor a Dios. Llevar hacia adelante esta idea maravillosa.
Estamos como desterrados en el mundo en espera de la patria para la posesión completa de Dios. La fe nos permite desarrollar en nosotros el sentido de Dios, el instinto de lo divino. ¿A qué entretenernos tanto en lo efímero? Trabajar, sí. Es necesario. Tratar con personas también; es necesario. Pero nuestro gozo pleno y total, ponerlo en Dios que nos guía y nos espera.

Confiar. Confiar. No hay obstáculos para Dios. Con el socorro de su gracia, nada puede retrasarnos en la marcha. Lo verdaderamente necesario es ponerse "a tiro". Eso es lo necesario.
No hemos de perder la confianza ni siquiera en los momentos peores de nuestra vida. Porque ya sabemos: las horas más desesperadas pueden ser el momento de Dios: El se acerca entonces a nosotros.
Y siempre va a estar en nuestra mente, como lo más importante. ¡Se cumpla en nosotros, Señor, tu voluntad! Buscar la gloria de Dios, el Reino de Dios.



José María Lorenzo Amelibia
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