1.- Leemos hoy en Misa la parábola del Fariseo y del Publicano. Los dos fueron a orar al templo. el fariseo se puso en medio, y decía en voz alta todas sus virtudes: doy diezmos; practico el ayuno; no soy como los demás hombres.
El publicano, en cambio, se daba golpes de pecho en un rincón del santuario y decía: "Señor, ten misericordia de mí que soy un pobre pecador".
2.- El publicano salió de allí justificado. El fariseo, no.
3.- Hemos de ponernos siempre junto a Dios con actitud de humildad. A esta actitud solemos llamarla "compunción del corazón". Consiste en sentirse delante del Señor muy pobre, muy miserable por tantas culpas e imperfecciones cometidas a lo largo de la vida: sentir de verdad nuestra imperfección, nuestros egoísmos, nuestra tibiezas, faltas de caridad con el prójimo, falta de fervor espiritual, iras, envidias... El es Padre y nos acoge; pero nosotros hemos de ir a El con actitud humilde y compungida, pero siempre llena de esperanza y amor. Y junto a esto, pedirle perdón a menudo.
José María Lorenzo Amelibia
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