Enfermo, mira lo positivo

No se trata de tomar a broma la enfermedad ni de quitar importancia a los males que nos aquejan; la cuestión es dominarlos, reducirlos, superarlos. Para ello nos servimos de todos los medios lícitos que están a nuestro alcance. Uno de los más baratos y prácticos es el humor, la risa, enfocar la vida con talante positivo. He visto a muchos enfermos mejorar por haber conseguido poner en práctica algunas normas muy sencillas.


Es preciso aprender a reírse consigo mismo. Risas que puedes comenzar de una manera un poco artificial, delante de un espejo. Empiezas a hacer gestos raros, a subir y bajar los hombros, a poner cara de ogro con ojos saltones... cualquier ademán que pueda producirte una carcajada aunque sea pequeña. Por ejemplo, trasladar situaciones cotidianas a otro contexto donde puedan resultar ridículas. Si aprendes a reírte contigo mismo, habrás conseguido una disposición de ánimo buena para tu propia salud.

Cuando circula bien la sangre, más fácilmente se conseguirá ser positivo en pensamientos. Por eso siempre hay unas cuantas acciones que ha de aprender a practicar el enfermo y le ayudarán a obtener una mayor calidad de vida: respirar bien con profundidad y calma, pasear, reírse, ejercitar los músculos, relajarse. Todo esto es necesario para la salud mental y también para curarse de la mayor parte de las enfermedades.

Pepe Villuela es director de una ONG que funciona desde 1993 y ha recorrido campos de batalla y de refugiados para recrea los ánimos de aquellas personas tremendamente angustiadas. Ellos se denominan "Payasos sin fronteras". Este señor opina que los payasos profesionales debieran abundar en clínicas y hospitales, y también en centros de poder político.
Con la excesiva preocupación agravamos nuestros males. Muchas veces en esta misma columna hemos hecho hincapié en la necesidad de una vida espiritual y de fe para ofrecer a Dios nuestro sufrimiento y para ser útiles en el Reino de Dios. Esto es una realidad que además alienta. Pero no nos cansaremos de insistir en este nuevo descubrimiento que tanto ayuda a curarse: el buen humor y la risa.



José María Lorenzo Amelibia
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