La Eucaristía resucita las parroquias

¿Cómo sonaría hoy esta carta del obispo a todos su curas?: "Pido a todos mis amados cooperadores en la cura de almas que, al menos en el tiempo pascual, abran las iglesias lo más temprano posible; siempre antes de las seis de la mañana. Esperad sentados en vuestro confesonario vengan o no vengan penitentes.


Mientras esperáis, orad. Seguros estamos de que vuestra experiencia os moverá a seguir todo el año imponiéndoos este fecundo sacrificio no sólo en tiempo pascual".

Este mandato o ruego ya lo hizo hace muchos años a todos sus sacerdote el Beato Don Manuel González. Supo crear en su diócesis, y por imitación en todas las diócesis de España, sacerdotes enamorados de la Eucaristía y del sacramento de la Penitencia.

El mismo santo había permanecido en su parroquia de Huelva interminables horas frente al Sagrario. En aquella sede, que allí permanece como testimonio, aguardaba a los fieles ya hacía oración a Jesús del que estaba enamorado.

En aquellos años fueron cambiando nuestras parroquias todas porque el amor eucarístico iba en aumento. Las personas mayores recordamos el fervor creciente de los años cuarenta y cincuenta. Los templos siempre abiertos; llenos de almas generosas que a todas las horas visitaban al Señor. Era imposible que los ladrones penetraran en aquellos recintos sagrados porque siempre había fieles en vigilante oración.

El mejor modo de resucitar las parroquias es fomentar la confesión y comunión y la visita al Sagrario, como en los tiempos de don Manuel González. Los sacerdotes que hoy día lo siguen haciendo son testigos de ello.

Señor, dadnos sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas, enamorados todos de la Eucaristía.



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