HACERSE FUERTE

No hay más remedio: nos hacemos fuertes o vivimos una historia lánguida. Nuestra mente y sobre todo nuestra voluntad consiguen maravillas a todos los niveles, ayer hoy y siempre. ¿Pero, de dónde sacar energía cuando uno se encuentra limitado en lo más elemental?

San Agustín era muy débil de joven en su vida moral, pero, leyendo vidas de personas célebres por su santidad se dijo: "Lo que éstos y éstas han podido, ¿por qué no yo?" Fue el comienzo de salir de una mediocridad duradera. La Historia está llena de casos célebres que nos invitan a cambiar nuestra actitud enfermiza por una decisión de superación constante.

En el siglo XX hubo dos casos que llamaron la atención, dos mujeres: Anne Sullivan y Hellen Keller. La primera era la mayor. Se quedó ciega en la infancia. Era huérfana de madre, y su padre la abandonó en un hospicio. Tras muchas operaciones recuperó algo de vista, y poco después de los veinte años era maestra de ciegos. Se transformó en una chica fuerte y llena de ilusión. Le ofrecieron entonces ayudar en un caso perdido. Sacar adelante a una niña, Hellen Keller. A los 19 meses perdió la vista y el oído. Era necesario ayudarla a emerger de aquel pozo negro. Y su gran amiga y tutora, Anne, lo consiguió gracias a la fuerza de voluntad de ambas.

Logró Hellen comunicarse, hablar, aprender cuatro idiomas y graduarse en la Universidad. Fundó en su edad adulta una sociedad de apoyo a los ciegos. Incluso se metió en el mundo de la política. Estas dos almas gemelas se ayudaron mutuamente, y el coraje de ambas las ayudó a triunfar. Anne, sí, dedicó su vida a Hellen, pero recibió de ella tal ánimo que le resultó placentero el esfuerzo. Fue la gran intérprete de una de las personas con mayores dificultades de comunicarse que han existido. Y antes de morir instruyó a su sucesora para que la querida Hellen pudiera desarrollar su talento hasta cumbres verdaderamente envidiables.

Cuando sentimos congoja y ganas de tirar la toalla ante dificultades duras pero normales en la vida, hemos de echar un vistazo a casos conocidos de nuestra propia experiencia personal. Y decir como San Agustín: "¿Por qué no yo?" Y confiar en Dios. Él está con nosotros, con los más débiles, para cubrirnos con su fortaleza. Siempre es verdad la sentencia de San Pablo: "La virtud sale perfeccionada en la debilidad".

José María Lorenzo Amelibia
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