1.- En Jerusalén se manifestó la gloria de Dios y en esta ciudad se cumplieron las promesas del Antiguo Testamento. El Mesías se manifestó allí. Mi alma contempla serena la ciudad en su antigüedad; bendice al Señor porque se ha manifestado a los hombres en aquel lugar. Hago abstracción del sitio y alabo y bendigo al Señor que se nos ha dado.
2.- También en Jerusalén nació la Iglesia en Pentecostés. Venturoso aquel día en que nació la Iglesia: humano y divina. A la que amo a pesar de las arrugas y lacras que le damos los humanos; a través de la Iglesia nos salvamos. Da, Señor santidad a tu Iglesia. Danos amor a la Iglesia, aunque veamos en sus dirigentes manchas. Sí que nos demos cuenta de que la Iglesia no son ellos que es Jesús con todos los cristianos; ellos también.
3.- Jesús es el Señor desde que resucitó. Y está sentado a la derecha de Dios Padre. A Jesús amo; a Jesús me ofrezco; a Él me consagro porque es nuestro Señor.
4.- Dijo el Señor a mi Señor, siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies.
5.- El último enemigo en vencer fue la muerte. Me alegro en mi Señor; gozo en nuestra total resurrección con Él. Me alegro en la plena esperanza de que se cumplirán las promesas en nosotros.
6.- Aléjense las cosas viejas; nuevas sean todas las cosas: las palabras, las voces y las obras. presencia permanente. Contigo siempre; danos esta gran alegría de la fe.
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