Querido señor obispo de habla hispana: El comentario normal entre gente culta y bien avenida con la Iglesia es que los hermanos obispos, los sucesores de los Apóstoles, a quienes queremos y respetamos, son demasiado conscientes de su categoría eclesial y dignidad. Digo "demasiado", porque conscientes sí que han de ser.
Pienso que no conviene marcar distancias con los sacerdotes ni con lo seglares. Vivir esa igualdad evangélica de hijos de Dios que nos une a todos. Con sencillez, con sincera humildad. En España hay al menos tres causas de beatificación introducidas para obispos: Mons. Riesco Carbajo, auxiliar del administrador apostólico de Tudela; Mons. García Lahiguera, arzobispo de Valencia y Mons. Golfín, obispo de Jetafe.
Los tres admirables en su sencillez y humildad. Con el primero, Riesco, tuve varios contactos. En uno de ellos, el primero, me presenté así: "Soy un pobre cura rural". Y él con la mayor espontaneidad del mundo me dijo: "Todos somos unos pobres curas".
Un amigo me decía anteayer: "No sé qué tienen los obispos. En cuanto llegan, cambian: son distintos, más distantes, como más engreídos y metidos en su dignidad". Todo esto no favorece al amor, al ministerio de salvación y santificación. Vamos a ser más sencillos y menos "dignos", como nuestros obispos santos, como nuestros obispos misioneros.
José María Lorenzo Amelibia
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