Queridos señores obispos: Les seguirán sus buenas obras, el amor que ha tenido a sus sacerdotes y fieles, su deseo evangelizador. Amigos obispos: a todos nos llega el fin antes o después.
Por eso, ahora que estais a tiempo: trabajad con amor; renunciad a la prepotencia; olvidaos de hacer carrera; que todo esto pasa. Me decía un amigo que los obispos piensan menos que la normalidad de los sacerdotes en la muerte, porque casi siempre tienen aspiraciones... y a los sesenta y cinco, pueden ser arzobispos o cardenales... Oh... el hambre de poder. Vigilad y orad. Os ayudamos con la oración y con nuestro aviso. De verdad
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