Ocurría el 2006 El Vaticano investiga una red de 1.700 curas pedófilos en Brasil.


LO incluimos en la sección de secularizados, porque estos pederastas pertenecen al clero. A nosotros nos obligaron a salir para para recibir el matrimonio. ¿A estos?
EL MUNDO
(Adjuntamos este artículo de "El mundo" (24-11-05) como ejemplo bochornoso de hasta dónde se puede llegar dentro del estado clerical. Pensamos que la ley del celibato no facilita el ser casto. En muchas ocasiones el instinto se exacerba y la homosexualidad y pedofilia pueden en muchas ocasiones ser "paliativo" o salida más fácil para quien no le está permitido tomar esposa.)

Edson Alves dos Santos trataba a sus víctimas con una actitud paternal que se tornaba despótica cuando desobedecían sus exigencias. Elegía a su presa entre los indefensos huérfanos del hospicio de la parroquia del Inmaculado Corazón de María, donde daba clase de catecismo.

El párroco de la localidad agrícola de Alexia, en el estado brasileño de Goiás, jamás hubiera cometido la torpeza de abusar de los hijos de las familias ilustres a quienes preparaba para la primera comunión. Si llegaban a enterarse, los padres de los niños bien le crucificarían, mientras que aquellos pillastres ¿a quién podían recurrir?

Edson, «un santo varón» según las beatas que se postraban ante el confesonario, reconoció que planificaba su aberrante liturgia en base al Manual del Cura pedófilo, un cuadernillo que circula desde hace meses entre los sacerdotes con inclinaciones no santas.

Una monja que trabajaba de enfermera en el asilo entregó unas hojas a la Policía federal, que a su vez las hizo llegar a la comisión que el Papa Benedicto XVI envió a Brasil, con la misión de investigar la epidemia de lujuria que se ha extendido por el país con mayor número de católicos en el mundo.

Es la primera vez que el Vaticano moviliza a la Congregación de la Doctrina de la Fe - una institución surgida del extinto Tribunal de la Inquisición- para una indagación de esta naturaleza. El diario italiano Corriere della Sera afirma que la Santa Sede se vio obligada a actuar contra sus acólitos, al comprobar que no podía seguir ocultando los trapos sucios entre los muros de las iglesias.

Según las pesquisas de la revista Istoé en colaboración con la Universidad Católica de San Pablo, unos 1.700 sacerdotes han sido denunciados en los últimos tres años por abusos sexuales, principalmente de menores. Más de 400 de ellos han sido declarados prófugos de la Justicia.

El autor de la mencionada guía del cura pedófilo es un eminente teólogo, un sibarita que frecuenta los salones de la alta burguesía de San Pablo y según el diagnóstico que se le hizo a petición del juzgado estatal, un pedófilo con marcados síntomas de narcisismo y megalomanía. De otra forma no se explica que Tarsicio Sprícigo, de 48 años, llevara un recuento manuscrito de sus fechorías.«Me preparo para salir de caza con la certeza de que tengo a mi alcance a todos los garotos [chicos] que me plazca, porque soy el joven más seguro del mundo».

Condenado a 15 años de prisión por violar a un niño de cinco años que tenía bajo su custodia, Sprícigo declaró a los jueces que la idea de redactar un manual le surgió de forma espontánea, como una suerte de revelación asentada en la convicción de que «Dios perdona todos los pecados, pero la sociedad ¡nunca!».
Antes de que cayera en manos de la Justicia, pero cuando ya habían sido presentadas varias denuncias en su contra, la Iglesia se ocupó de proteger a la oveja descarriada, transfiriéndola a una comunidad rural.

Presumiblemente, el sujeto aprovechó el sabático que se le concedía para componer el decálogo que incluye entre sus mandamientos, la iniciación de chavales «cariñosos, tranquilos, sin bloqueos morales», y aconseja «recogerlos de la calle, de las comisarías, de los hospitales de caridad». Inspirados en el evangelio de Tarsicio, otros religiosos descubrieron junto con los placeres carnales, el goce de la escritura y de la cinematografía.

Hace una semana el padre Félix Barbosa fue sorprendido en un motel de Barra de Graza, (Mato Grosso) en medio de una orgía con cuatro adolescentes a los que había conocido a través de Internet.

Barbosa grabó la escena con dos cámaras de vídeo apostadas una sobre el televisor, otra sobre un anaquel. Posteriormente la Policía halló un bloc de cartas con los relatos eróticos que el cura escribía en base a sus experiencias. Otro amante de las letras, el sacerdote Celso Morais, de 62 años, regentaba, tras la fachada de un centro de alfabetización, un prostíbulo de menores para solaz de los hermanos de fe. El contenido de sus memorias es tan escabroso que la Justicia las marcó como documento clasificado.

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