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RETIRO EUCARÍSTICO JUNIO DEL 2011
1.- Te adoro, Señor Sacramentado, en las catedrales, santuarios en los que algunas veces recibes el trato de Rey celestial. Me entrego a Ti en alma y Cuerpo. Te adoro en las devotas capillas de los conventos de clausura, en la que eres tratado como el esposo más amante. ¡Te adoro, Señor! Te adoro en el Sagrario del pueblo más insignificante, o en la parroquia más fría, donde te encuentras olvidado incluso tal vez por el sacerdote. Te adoro, Señor, en lo más profundo de mi alma donde habitas después de la comunión y permaneces todo el día en la presencia trinitaria, porque te amo. "Si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él". Te adoro, Sagrada Hostia. Te adoro, Sagrada Hostia, pan vivo y alimento de los ángeles. Permaneced, Señor, conmigo durante el día; todos los días de mi vida.
Señor, deseo ser tu sacerdote oculto, según me ha colocado en el mundo tu Providencia; como olvidado de todos y marginado. Así lo soy de hecho. Pero deseo amarte como el que más a Ti, mi Dios hecho Eucaristía. Deseo ser amante adorador perpetuo. Deseo que mis pasos se dirijan siempre a tus sagrarios. Y cuando encuentre las iglesias cerradas - casi siempre suelen estarlo - enviarte desde allí fervientes actos de amor. Bendice, Señor, a tu pueblo. Dadnos sacerdotes santos.
2.- Que me dé cuenta, Señor, que nos demos cuenta todos los cristianos de buena voluntad, de que la caída en vertical de la fe en nuestro tiempo se debe a la falta de fervor de nosotros, de los que precisamente tenemos buena voluntad y deseamos que el Reino de Dios prospere. Creo, Señor, además que todo se refleja en la falta de fervor eucarístico; se cierran las iglesias, las visitas al Sagrario han disminuido hasta el extremo; las comuniones no disminuyen, pero me da la impresión de ser rutinarias y con poca preparación y poco agradecimiento, con fe muy tibia. Una enfermedad no se cura callándola o ignorándola. Dadnos fuerza, Señor, para mover de nuevo al amor eucarístico a todos. Dadnos sacerdotes santos, obispos santos, seglares y almas consagradas santas, enamorados de la Eucaristía.
3.- Cuando leo las obras del pronto beato Don Manuel González, me quedo muy pensativo y me inunda una tristeza creo que eficaz. Porque no me cabe en el alma, Señor, que en tan pocos años haya decaído tanto el amor a la Eucaristía. Entonces decía el santo: "Aunque el Señor tenga a su lado al sacerdote y a un grupo de almas constantes y compasivas, Jesús está abandonado en su sagrario... ¡claro que si ese sacerdote falta o esas almas fieles también se van, el abandono sería absoluto y total, mayor que el del calvario". Y eso está sucediendo hoy en cantidad de lugares donde hace unos años había una vida eucarística pujante. Creo que hemos de hacer hoy un propósito firme tú y yo para ser nosotros almas del todo enamoradas de Jesús en el Sagrario, almas de comuniones Calientes. Pongamos en manos de Jesús estos nuestros deseos para ir encendiendo por todas las partes lámparas que se están apagando
4.- Necesito, Señor, una fe más viva, mucho más viva, que evite todos mis cansancios e incomunicaciones contigo. Esto le pido al Señor en los momentos de mi retiro, cuando me acerco a Él en plan de revisión mensual. Te lo ofrezco a ti también ahora por si te gusta esta petición. A fin de cuentas es lo que leemos en el Evangelio: Señor, yo creo, pero aumenta mi fe. Pienso que contrariamos al Señor con una de las contrariedades más amargas: el abandono de la Eucaristía o lo que es lo mismo: misas y comuniones rutinarias, sin preparación, sin acción de gracias, iglesias cerradas al fervor eucarístico, falta de intimidad con Jesús. Las almas con esto se privan de ríos caudalosos y mares de gracia. Por eso tanta indiferencia e irreligiosidad. Vamos a decirle a Jesús: me acerco a Ti hoy con el deseo de que cambies mi corazón. Quiero ser del todo alma enamorada de la Eucaristía.
Sabemos que Jesús está entero, en cuerpo y alma, presente siempre entre nosotros, pues vamos a vivir esta presencia: es pura lógica de fe. Que este problema es no de los ateos, ni de las almas un tanto alejadas; el problema es precisamente de quienes somos católicos, incluso católicos líderes, pero no vivimos con total entrega a esta gran verdad.
5.- Cuando pienso en el Sagrario, en la Eucaristía, me parece imposible que, teniéndolos, haya podido estar yo triste alguna vez. Es necesario practicar la fe; vivir de la fe. Jesús mismo, después de instituir este sacramento, quería que su propia alegría fuera la nuestra. Así lo leemos en el capítulo 15 de San Juan.
Pero no voy a perder la paz si esta alegría interior no se trasluce en la parte sensible de mi ser. Yo sé que ha habido muchos santos, que han sentido enorme sequedad después de la comunión, a pesar de vivir de verdad el momento de fe.
Lo maravilloso es que Jesús va transformando poco a poco el alma y la hace más semejante a El mismo, cada vez que comulgamos con total disposición. Jesús obra silenciosa, pero eficazmente dentro del alma.
6.- Una de las cosas que más me viene a la memoria es lo del sagrario abandonado que tantas veces he oído en mi juventud. Pero antes se trataba de sagrario abandonado por parte de la gente, ahora me temo que sea por parte de los sacerdotes. Muchos intentan una pastoral sin oración. Señor, ayúdame a mí a ser sensible con este tema; a no abandonarte nunca; a animar a otros a permanecer fieles al Amor de los amores. Ayúdanos a formar una piña a todos que tenemos una relación entre nosotros. ¡Animarnos con la amistad! A la mañana cuando comulgamos o celebramos Misa, hacer intención de permanecer en contacto todo el día con el Señor. Y durante la jornada, jaculatorias a Jesús solitario en el Tabernáculo. Y en cuanto llegue la ocasión, una visita para que obtenga fruto nuestra labor sacerdotal o apostólica.
7.- Nadie puede medir ni calcular lo que podrá mi corazón y el tuyo, si, con total pureza de intención, amamos con todas nuestras fuerzas al Amor de los Amores, a Jesús Eucaristía, que por las mañanas nos visita, y al que procuramos nosotros visitar con cariño siempre que nos sea posible. Nos será todo irresistible. Si no llegamos a este ideal, cuanto más lo intentemos, con mayor fuerza influiremos para el Reino de Dios. Aquí está el secreto y el alma de todo apostolado. Señor, cambia nuestras almas. Que nos demos cuenta de una vez dónde está el secreto del verdadero apóstol.
José María Lorenzo Amelibia
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