1.- Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios esos son hijos de Dios. Repetir internamente varias veces esta frase de San Pablo. Hacerlo sustancia propia.
2.- Vosotros consideraos muertos al pecado pero vivos para Dios.
3.- El hombre es así renovado en lo más profundo de su persona por el Espíritu de Cristo.
4.- Soy hijo de Dios; mi conciencia humana ha de abrirse a esta vida familiar con Él.
5.- Percibir a través de mi conciencia los ecos misteriosos de la presencia divina en mí.
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